IV Centenario Expulsión de los Moriscos

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web sobre niños moriscos del profesor Ignasi Gironés.

                   "On a beacoup écrit sur les morisques. Il pouvait sembler que l'on avait tout écrit"

                        Pierre Chaunu, 1961.

 

HISTORIA DE LA HISTORIA DE LOS MORISCOS:

LA PROSTITUTA DE BABILONIA.

 

José María Perceval

 

                        "Y vi a una mujer, sentada sobre una Bestia escarlata que tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer, vestida de púrpura, resplandecía de oro, piedras preciosas y perlas; llevaba en su mano una copa de oro llena de abominaciones, y en su frente un nombre escrito -un misterio - : LA GRAN BABILONIA, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra"

                        APOCALIPSIS, 17, 3-5.

 

                        "España ganó materialmente con la unidad religiosa y la seguridad política resultantes de la expulsión de los moriscos"[1] ya que "si los moriscos no hubieran sido deportados, España podría haber sufrido varios siglos de violencia, incluso mayor que la padecida hoy por Irlanda y el Líbano, porque las diferencias en estos pueblos son sólo religiosas, mientras que en España hubieran sido a la vez religiosas y étnicas"

                        HAMILTON, 1978[2]

 

La relación de los moriscos con el cristiano es parecida a la de la prostituta con su cliente. Aunque la comunidad de rameras sea algo vivo, no imaginado, la prostituta 'real' es sólo una tapadera de los fantasías y obsesiones del demandante, sueños a los que ella se debe acoplar. De esta forma, a través del onirismo, esta quimera se convierte en un organismo autónomo dotado de personalidad arquetípica que la define como 'la prostituta', independientemente de sus rasgos personales. La mujer dedicada a la prostitución estará más lejos o más cerca de la imagen de 'la prostituta', de ese arquetipo de 'la puta', pero vivirá identificada inevitablemente a ella. A pesar de las racionalizaciones, 'Hijo de puta' es semánticamente una infamia y 'puta', la muchacha que busca el placer propio de forma incontrolable. Se aplican las cualidades en relación inversa a su realidad. Lo que es fruto del deseo del varón, sea el fruto obtenido (el hijo) o la concupiscencia de pago, se traslada sobre el objeto (la prostituta) liberando al demandante de la falta cometida.

En realidad, si no existiera el cliente no existiría la prostituta. De la misma forma, no es posible entender al morisco sin la comunidad cristiana que lo somete, lo explota, lo bautiza, lo estudia, lo unifica, planifica su integración y, finalmente, lo expulsa.  Muchos grupos 'nacionales', 'profesionales' o 'deportivos' son asimilados a un arquetipo, pero sólo los que son explotados o perseguidos deben defenderse de esta imagen opresora y obsesionante.

"Pocos acontecimientos en la historia del mundo han originado una masa tan grande de libros, artículos y ensayos como la expulsión de los moriscos españoles, literatura que comenzó durante la expulsión misma y ha continuado sin descanso hasta el presente. Sumamente diversos han sido los antecedentes, nacionalidades, simpatías, afiliaciones, objetivos y puntos de vista de los autores. Los españoles, en general, han defendido la expulsión fundándose en argumentos políticos y religiosos; los autores extranjeros la han condenado casi sin excusas, y protestantes y liberales han sido muy duros en su condena" (Hamilton, 1978, p.69)

En otro sentido más historiográfico, los moriscos se han convertido en una suerte de reválida. No hay autor de Historia de la España Moderna que no haya pasado sobre ellos, a veces dejando fuertemente impresas las plantas de sus pies[3].

                        "Difícil será encontrar en toda la Historia de España asuntos que hayan interesado tanto (no sólo a los investigadores, sino también a poetas, dramaturgos, novelistas y escritores políticos) como los de la conversión forzada, el alzamiento y la expulsión de los moriscos, sus incidentes y sus vicisitudes".

                        CARO BAROJA.[4]

 

"On a beaucoup écrit sur l'expulsion des Morisques, cet événement qui dans l'histoire d'Espagne équivaut à la Révocation de l'Edit de Nantes dans l'histoire de France, Henri LAPEYRE[5]

Esta memorable cita se repite en uno de cada dos estudios sobre el llamado "problema morisco"[6], ese objeto histórico sobre el que parece que todo se ha escrito y sin el que se torna incomprensible el final de la llamada 'Reconquista', limpieza de esa mancha o pecado original que es la dominación musulmana, y 'la restauración de la nación española'

“No todos califican de igual manera, ni aprueban las medidas que fue preciso adoptar para sacar de la reconquista las debidas ventajas; para reparar cumplidamente los estragos causados por la conquista y dominación sarracénica, y para restaurar la gran obra de los Leandros y los Recaredos, realizando la unidad civil, religiosa y legal de la nación española"[7].

Márquez Villanueva situaba la continua revisión de este objeto historiográfico como "La venganza de los moriscos, un secular complejo de culpabilidad entre “la apología agresiva y la permanencia obsesiva del acontecimiento”[8], que nos ha dejado presos en el laberinto de la denuncia o de la justificación.

“L'expulsion générale des Morisques (1609-1610) constitue une de ces mesures radicales que presque personne n'a envisagée sans être plus ou moins pris dans le labyrinthe de la dénonciation ou de la justification. C'est à dire que la 'question morisque' bénéficie à ce jour d'une bibliographie abondante, due néanmoins trop souvent à un esprit polémique"[9].

En 1964, el profesor Reglà recalcaba, partiendo de Braudel, "con optimismo indisimulado la superación de la fase polémica sobre el tema morisco y el paso hacia la fase científica"[10].

Afortunadamente, nunca llega ese momento, ansiado por tantos historiadores, de la ausencia del sentimiento, la disputa y la pasión[11] que sería hacer borrón y cuenta nueva sobre el pasado de la formación social cristiana que en 1609, por decisión de la cúpula de su aparato estatal, expulsó una comunidad concreta, unificándola como portadora de un mal determinado. Lo antihistórico no es la polémica sino su eliminación. Analizamos comunidades vivas de las que somos herederos y no, como pretenden algunos positivistas, diseccionamos cadáveres con objetividad desapasionada. Los planteamientos originales, las alternativas, siguen completamente vigentes:

            - ¿Podía admitir la comunidad cristiana otra que no lo fuera, es decir, integrarla dentro de su formación social, o esto le era consustancialmente imposible?

            - ¿Era posible la asimilación de la comunidad morisca (etnocidio) o era necesaria su extirpación (genocidio)?

            - ¿Fue la comunidad morisca o fue la comunidad cristiana la que creó ese todo unificado que conocemos como "morisco" o "lo morisco" (imagen)?

Todos estos problemas son propios a la comunidad cristiana, vencedora sobre el Islam de al-Andalus, poseedora de unas masas vencidas cada vez más numerosas desde 1250 y 'minorizadas' desde 1492, para ser definitivamente expulsadas en 1609. Estudiemos, pues, en primer lugar, la larga "historia de la historia de los moriscos", iniciada con los libros apologéticos sobre la expulsión, que la fundan.

Antes se polemiza sobre soluciones expuestas (asimilación-extirpación-imposibilidad de la tolerancia) y, después, se medita sobre la inevitabilidad de la medida adoptada. Son precisamente los partidarios de la extirpación, justificadores más o menos claros de la expulsión, los más interesados en construir una historia finalista que acabe en 1609 (fin del 'problema morisco' que ellos construyen).

No se pueden utilizar los documentos de una comunidad para estudiar otra si no es utilizando un filtro crítico notable, menos aún si esos documentos han construido su texto para demostrar la necesidad del exterminio del contrario (en cuerpo o en espíritu). ¿Significa esto que es prácticamente imposible hacer una historia de los moriscos? Quizás. ¿Significa esto que todas las historias de los moriscos se encuentran trabadas de principio? Quizás. Los moriscos vivieron su historia, aunque probablemente tuvieran menos conciencia individual que los miembros de la élite cristiana de estar viviendo una 'historia' como conjunto histórico definido. Esto es una hipótesis a discutir

Sus sucesores son los que desean acabar con la historia al mostrar que las cosas sucedieron porque sí, con lo que se reduce la historia a la metereología.

            "Drástica y efectiva medida" , TORRES MORERA, 1971, p.121.

Precisamente, nosotros intentaremos invertir la situación: la historia de los moriscos comienza en 1609 y no acabará nunca. Es la historia de las múltiples construcciones, reconstrucciones y visiones que unifican una comunidad para luego intentar expulsarla del campo de la historia.

De conflicto colonial califican Lapeyre, Hamilton  y Vilar el problema morisco, que comparan, respectivamente, con la situación de los indígenas en la Argelia francesa, de los negros en el sur de los Estados Unidos y de los indios en la América hispana"[12].

Es la historia de las múltiples apropiaciones de 'lo morisco' al ras de otras polémicas que conmueven la comunidad, donde los moriscos son los negros de Hamilton los fellahs[13], los nacionalistas argelinos de Lapeyre[14], Braudel[15] y Jaume Fuster, los catalanistas de Dolors Bramon[16], los anarquistas y revoltosos cubanos de Boronat[17], los palestinos actuales[18], los trabajadores inmigrados de García Arenal[19] y de Perceval... Su historia es la historia, en suma, de todo el enriquecimiento de aportaciones realizado por los diversos historiadores que han tocado este ambiguo objeto del deseo, tentación en la que pocos no han caído.

“En nuestros días ¿No se ha perseguido con encarnizamiento la propaganda anarquista? ¿No se han fiscalizado las acciones todas de los prosélitos de tan infernal doctrina? Y, ¿quién se ha rebelado contra las disposiciones gubernativas encaminadas a extinguir la doctrina que justifica la idea de clavar el plomo o el puñal en el pecho de los soberanos? No es nuestro intento comparar a los moriscos de antaño con los anarquistas de hogaño, pero ¿Y los filibusteros cubanos y filipinos? ¿Acaso no predicaron estos el programa incompleto de los moriscos al conspirar contra la metrópoli? ¿No acogían los españoles honrados las denuncias contra los sectarios que la masonería contaba en nuestras antiguas colonias? Y cuando estos empuñaron las armas para sacudir el yugo suave o duro de las castillas ¿no enviaron nuestros gobiernos millares de hombres y ríos de oro para sofocar aquella insurrección? Por eso preguntamos al crítico imparcial, ¿fueron justificadas las denuncias de los cristianos viejos contra los moriscos que avivaban su fervor alcoránico y su odio a lo español mediante prácticas de ceremonias mahometanas?", BORONAT.

 

LOS MORISCOS OCULTOS:

DE LA EXPULSION A LA HISTORIOGRAFIA LIBERAL

"Todos los tratadistas que escriben sobre este tema en los siglos XVI y XVII publican sus obras con posterioridad a 1609 y su objetivo es justificar la medida tomada por el poder central"[20]. El guadiana morisco ocupa este espacio (1609-1808), desde los libros justificatorios de la expulsión hasta el siglo XIX. Sería interesante profundizar este periodo de silencio. Si es significativa la ausencia de estudios directos, no se ha trabajado las alusiones en otras obras generales o la presencia del musulmán en fiestas de disfraces, carrozas, juegos o la continuidad que representan las fiestas de moros y cristianos durante el siglo XVII y XVIII. Probablemente, una profundización revelaría una ausencia menos significativa.

No sucede lo mismo fuera de España. Los viajes de los extranjeros repiten los esquemas de la síntesis ya anunciada por Richelieu, al redactar su famosa frase, tantas veces repetida, de que la expulsión de los moriscos fue "el consejo más osado y bárbaro de que hace mención la historia de todos los anteriores siglos"[21] y ciertos autores protestantes, como Agrippa d'Aubigné, se sintieron conmovidos ante una tragedia con la que se identificaban (los primeros de una larga lista)[22].

España, por su parte, eliminó su pasado musulmán, mediante un mecanismo de desmemorización oficial que requeriría un estudio particular[23]. Así, "el estudio de la lengua árabe quedará fosilizado en un olvido tan absoluto como voluntario"[24]. "La ilustración reintrodujo en España los estudios arábigos que constituyeron en el siglo XVIII toda un arma en la lucha laicista contra la iglesia, aunque, "la primera reivindicación de la presencia de elementos musulmanes en la cultura española la llevó a cabo Juan Andrés, uno de los jesuitas expulsados en 1782[25]. “La clasificación y análisis que hizo Miguel Casiri, protegido de Carlos III, de los manuscritos árabes de la biblioteca de El Escorial, sirvió cuando menos, para desenterrar un pasado y desempolvar una historia olvidada"[26].

Pero, sería un trauma nacional, el exilio de los afrancesados, quien definitivamente abriría de nuevo el país a las influencias del extranjero y a "reconocerse" en los libros de los viajeros que nos visitaban. El abate de Vayrac sostiene que los habitantes de las Alpujarras, aunque cristianos, “son moriscos que han conservado su antiguo estilo de vida, sus costumbres y su lengua particular, que es una monstruosa mezcla de árabe y español”[27]. Estos viajes como los de Henry Swinburne (1775), Ricard Twist (1776), o Alexandre de Laborde[28], extendían por Europa la imagen de la España preromántica que recibieron los emigrados liberales al llegar a París o Londres. Imagen que coordinaba con una España cerrada en sí misma y resistente al progreso, idea que se desarrollará a lo largo del siglo XIX, con mitos de sangre, muerte y toros al estilo de Carmen.

Los moriscos vuelven a España por el camino inverso que había seguido la novela morisca[29]. La identificación con los moriscos[30] de estos rebeldes expulsados en  1812 y 1820, era lógica. Martínez de la Rosa, uno de los exiliados, conecta con las tendencias románticas del preorientalismo y sitúa las bases de lo que será el ambiguo orientalismo español[31], mucho más conmovido por un objeto que, por proximidad, debe aceptar o rechazar con inusitada violencia[32]. El arabismo español desde el principio reivindica un al-Andalus vivo y que logra transformar Europa sumida en la miseria de la oscuridad medieval hasta llegar a influir en la escatología de la propia Divina Comedia. No importa ahora que los hispanos consideren ese mundo islamo-español como un mundo no musulmán (Garcia Gómez). Su pirueta es demostrar que los califas bebían vino, eran heréticos o rubios[33], pero los ocho siglos pesan sobre un pasado[34]. No hay que ver en este sentido, el franquismo como una ruptura sino como la continuidad de una escuela que acentuó sus rasgos al carecer de competencia. Desde Julián Ribera[35] (1912) a González Palencia[36] (1939) o García Gómez[37] con el epígono humorístico de Olagüe: "ya es axiomático que los moros españoles, en su totalidad, no eran árabes ni berberiscos de raza". En España habrían entrado menos de veinte mil personas, varones para colmo[38], tesis que desestimó Pierre Guichard en 1974[39].

El Islam es una herencia aceptada culturalmente[40] como 'hispana' o rechazada como la parte 'oscura' de la identidad española, en ese pasado que la aparta de Europa y del cristianismo. A veces, nos movemos en la esquizofrenia de las dos actitudes conjuntadas:

                        "Somos, aquí en España, una minoría de europeos que tenemos el deber y el derecho de imponernos a una mayoría de berberiscos"

                        Miguel de Unamuno, 1901[41]

 

                        "Medina al-Zahra y el Escorial son exponentes de dos etapas cumbres de la vida de España",

                        Claudio Sánchez Albornoz

                        Españoles ante la Historia[42]

LOS MORISCOS LIBREPENSADORES Y EMIGRADOS:

A VUELTAS CON "EL ALMA HISPANA".

En este ambiente parisino donde se reunen los círculos de españoles emigrados, Chateaubriand publica su novela El último Abencerraje en 1826, marcando los límites de un mundo exótico que para los españoles era el propio. El romanticismo[43] entra en España con Francisco Martínez de la Rosa, presidente del consejo de ministros en 1834[44]. Este ya había realizado pinitos históricos-moriscos en 1818 con Moraima, pasando del neoclasicismo moratiniano al romanticismo. Estrena en París su drama Aben Humeya en 1830, un año antes de volver a España y conectar la tradición de los emigrados afrancesados, con la política liberal moderada e historicista de los románticos[45]. Aben Humeya no es sólo una transposición, puede convertirse en un antepasado o, al menos, alguien que compartió las ilusiones de liberar el suelo que se ha debido abandonar[46].

Fray Darío Cabanelas quiso mandar al infierno de la "abogacía" lo que es la base documental y polémica del renovado interés hispano por la comunidad morisca[47] durante el siglo XIX. La división entre dos escuelas es radical pero, la polémica no se produce simultanea sino sucesivamente aunque los elementos que la componen se entremezclen.  

Martínez de la Rosa influye en la evolución de Estebanez Calderón, un joven periodista y político, nacido con el siglo (27 de diciembre de 1799) y ya plenamente romántico[48], en la variante costumbrista anacrónica[49]. En la revista de José María Carnecero, Cartas Españolas, el joven Estebanez había preparado el regreso de los emigrados a los que identifica plenamente con los moriscos en el final de su novela Cristianos y moriscos (novela lastimosa)[50] publicada en 1838, un año después de la Constitución moderada y el comienzo de la desamortización de bienes eclesiásticos. Estébanez Calderón estudia árabe de forma bastante amateur, relacionándose con Pascual de Gayangos[51] y Prosper Mérimée con un orientalismo de disfraz evidente[52], inspirado con la realidad nacional inmediata[53] y, asimismo, con las primeras tendencias coloniales: En 1844, ante los primeros escarceos intervencionistas en el norte de Africa, publica su obra "Manual del Oficial de Marruecos o Cuadro geográfico estadístico, político y militar de aquel imperio".

España buscará la ocasión para intervenir seriamente en el territorio africano a partir de 1860[54], donde los moriscos tendrán un extraño papel, según Muñoz y Gaviria[55].

Dentro del país, la expulsión de los moriscos, como señala el historiador Lafuente[56], es un ejemplo contra la intolerancia política[57] unida a la corrupción[58], contra el fanatismo religioso alejado de la tolerancia y el respeto al pensamiento ajeno[59], que hubiera solucionado mediante una educación comprensiva e iluminadora[60] la integración de este 'pueblo'. Pero sobre todo, la expulsión de los moriscos, revela la ceguedad económica de una aristocracia vanidosa[61]. Así, los moriscos se encuentran bien situados en los tres puntos claves del programa liberal[62] contra el antiguo régimen en el plano político, religioso y económico.

Los moriscos llegan a ser los representantes de una clase agraria imposible[63], aniquilada demograficamente[64] por la opresión política[65] y asfixiada por la inercia inquisitorial[66].

En este primer periodo (hasta 1875), los contrarios a la expulsión dominan la opinión y las aulas (sobre todo en el sexenio de 1868-1875), mientras los escritores católicos (en las escuelas religiosas) repiten la argumentación de los libros justificativos del XVII, sin utilizar una argumentación nacionalista con la que no se sentirían en absoluto identificados[67].

La unión de ambos partidos, puente entre el liberalismo y los sectores ultramontanos comienza en torno al concordato con la Iglesia. La insistencia de los liberales en el carácter laborioso[68] y rebelde al poder real de los moriscos, la porfía de los escritores católicos en su identificarlos con los mata-frailes[69], hace que los argumentos sobre los moriscos se entrelacen en el momento clave del debate sobre la libertad religiosa, dando lugar a un consenso al que no podía dejar de ser sensible un seguidor de O'donnell como Muñoz y Gaviria[70]. El novelista Pedro Antonio de Alarcón, puente como Muñoz y Gaviria entre la historiografía liberal y la colonial-positivista[71], entre la tendencia liberal-progresista y la liberal-conservadora[72], alude con sorna a estos "pecadillos de juventud" y llama a estas lágrimas y sentimentalismos románticos por los moriscos "cierta filantropía, tan superficial y fatua como extensa, a la sazón muy de moda, y cuyo especial influjo en el ánimo de los granadinos, para todo lo concerniente a los moros, lo que paréceme bastante digno de disculpa"[73]. El ya había sufrido una conversión radical[74].

 

LOS MORISCOS ANTIESPAÑOLES

Desde el principio, el romanticismo había jugado con la imposibilidad de la fusión de las razas, desde el Aben Humeya de Martínez de la Rosa hasta Cristianos y moriscos de Estébanez Calderón[75]. Del trágico suceso, debido a la intolerancia absolutista, se había llegado a la imposibilidad positiva de la fusión. La experiencia colonial (pobre, ridícula y reducida al norte de Africa), retratada por Alarcón en Memorias de un testigo de la Guerra de Africa, señalaba el fin del romanticismo confirmado en su Alpujarra[76].

Había que firmar un acta definitiva de defunción de esta etapa revolucionaría. El 29 de septiembre de 1878, la Real Academia de la Lengua Española recibe un nuevo miembro en sustitución del difunto Manuel Bretón de los Herreros. La ocupación de su asiento se ha visto aplazada por la personalidad que eligió él mismo para responder a su discurso: el Presidente del Consejo de Ministros y famoso historiador de la decadencia española, Antonio Cánovas del Castillo[77].

En 1878 ha triunfado la restauración monárquica de los borbones[78] y la Constitución no reconoce el sufragio universal efímeramente aprobado por la revolución de 1868. Se han acabado las veleidades de la burguesía liberal después del sexenio democrático (1868-1874). Se ha firmado el pacto definitivo entre la Iglesia y el Estado[79], la nobleza y la oligarquía. El hombre que va a ocupar el asiento académico, Eduardo Saavedra y Moragas, es un epígono de estos personajes antiborbónicos.

"Ingeniero de profesión, Académico de la Historia, de la Lengua, miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Saavedra, según el profesor Fornieles Alcaraz, pertenece a la selecta minoría, educada a mediados de siglo, en las aulas de la Escuela de Caminos. El rigor profesional, el deseo de salvar las diferencias políticas y culturales con Europa, la fe puesta en la razón como guía permanente de la conducta personal y la histórica, animan su trayectoria personal y explican una bibliografía en la que se mezclan los títulos de carácter técnico y humanístico, títulos que anuncian, asimismo, sus convicciones liberales y su participación en los intentos emprendidos durante el Sexenio Democrático (1868-1874) para remozar la vida pública. En esta etapa participó, concretamente, en el Ministerio de Fomento como Director General a las órdenes de Echegaray[80]. Posteriormente, durante la Restauración, su generación[81] buscará refugio en las tareas culturales y participará activamente en las iniciativas del Ateneo"[82].

Saavedra cree atacar a fondo cuando habla de dos naciones en el mismo territorio[83]. Con la memoria de los exilados aún no integrados por el nuevo régimen monárquico recuerda que "si las ciegas pasiones populares no hubieran atrofiado ese miembro importante de la nación, exigiendo después una amputación cruenta, los moriscos, como los antiguos mudéjares, hubieran concluido por incorporarse del todo con la masa de los demás españoles; contribuyendo con sus fuerzas y sus elementos de vitalidad a la mayor gloria de la patria, en vez de la miseria y muerte eterna a que fueron condenados al otro lado del estrecho"[84]. Evidentemente, Saavedra estaba pensando en otros elementos de vitalidad, desaprovechados por el presidente del consejo de ministros.

El personaje que va a responderle es el enterrador de la experiencia revolucionaria y creador del sistema que durará hasta 1931. Como Thiers, es político e historiador, como Saavedra es miembro de una burguesía ilustrada que tiende la mano a estos hijos pródigos del 68. Ambos se conocieron en casa del común amigo y pariente, Estébanez Calderón. El discurso de Cánovas no va a ser la amable respuesta a un ingeniero reconocido y arabista amateur, sino una reflexión que enmarca 'los moriscos' en el marco de la nueva España de la Restauración[85].

El político ha tardado en responder, ha meditado su respuesta, comenzando con los elogios de rigor,[86] pero va a ser clara y contundente[87], aunque hubiera preferido que "diese el encargo de contestarle a cualquiera otro de sus miembros". Ambos se conocieron hace treinta años en la casa de Serafín Estebanez Calderón, pariente de Canovas y maestro orientalista de Saavedra, al que el presidente del consejo de ministros disculpa los devaneos orientalistas con los "moros españoles", pecadillos del escritor "para quien la lengua patria fue la verdadera señora de sus pensamientos"[88].

Canovas propone todo un recetario a tratar con los moriscos dentro de la "lástima" que el caso le inspira pero "no imagineis, Señores, que llevado de compasión indiscreta intente cargar la mano a nuestros antepasados, disculpando a los expulsos moros. Ni el amor a sus alcázares, alcazabas y castillos roqueros, ni el de los sabrosos versos y prosas de la literatura aljamiada, pueden conducirme a error tamaño. Sin necesidad de acudir a los historiadores de la expulsión, que acaso fueran tachados de parciales, topanse a cada paso testimonios de que si eran los moriscos malos cristianos, todavía eran peores súbditos y españoles"[89].

El 'problema' estaba planteado desde los Reyes Católicos con su final inevitable[90] "como remedio a las dificultades que indudablemente los moriscos originaban". Las transacciones de los gobernantes chocaban con los intereses del pueblo cristiano[91]. El movimiento contra los moriscos era la voluntad nacional y la expresión de un sentir popular[92], opuesto a los interesados protectores nobiliarios[93] y que las autoridades intentaban reprimir[94] y "no hubo otro influjo favorable a los moriscos que el de la razón de estado". Incluso el Papa, dice Canovas falseando los datos, quería inclinar la balanza contra los moriscos[95]. "En resumen: la cuestión vino a ser de fuerza y no más". 

Aunque la Europa insolidaria criticara la medida[96], esta expulsión de los moriscos evitó los terribles males de un peligro interno cuando se desataron los acontecimientos de 1640[97]: "No es, pues, infundada la sospecha de que aquel Ministro adoptase con profunda intención política una medida que, de no adoptarse, habría dado lugar, probablemente, a mayores males que dio la expulsión"[98]. Ya que "a decir verdad, el mal de la expulsión no fue al fin y al cabo tan grande como después se ha dicho, dado que las partes en que había más moriscos, se repoblaron bien pronto; y todavía son más ricas y están mejor cultivadas que otras muchas de la península. Nada hay que se reponga tan pronto como la población, donde hay medios naturales, o industriales, para que se alimente; y el sol y las acequias, obra en más parte que se piensa de cristianos, repararon insensible y bastante rápidamente, los daños. Pero grandes o pequeños, y más o menos duraderos, no hay otro remedio, en fin, que dejar de achacárselos exclusivamente a Felipe III y su ministro Lerma, que hartos pecados sin eso tienen. La responsabilidad será siempre de España, de generaciones enteras de españoles, de nosotros mismos; que no habíamos de heredar tan solo las vanidades de Otumba, Pavía, San Quintín, o Lepanto, sino que con igual razón tenemos que recoger las censuras que merezca nuestra patria en la historia. He dicho"[99].

Canovas cerraba toda una época pero, al asumir la culpa colectiva y democráticamente, abría un nuevo periodo de reflexión sobre el "problema morisco"[100]. Canovas, como señala Simonet[101], da el resumen de lo que investigaría (y demostraría, evidentemente) la historiografía española de las decadas siguientes[102] en manos de catedráticos estatales y clérigos amateurs. "Locura es pensar que batallas por la existencia, luchas encarnizadas y seculares de razas, terminen de otro modo que con expulsiones o exterminios. La raza inferior sucumbe siempre y acaba por triunfar el principio de nacionalidad más fuerte y vigoroso"[103]. 

El discurso de Saavedra y la regañina de Canovas hacen su efecto[104] para estudiar de nuevo las razones que obligaron "a cortar aquel miembro podrido del cuerpo de la nacionalidad española"[105]. Longas partirá para su estudio, como el mismo indica, de las dos colecciones de manuscritos aljamiados analizadas por Saavedra[106] deduciendo que "mantenían viva e incólume en sus almas la creencia en el Islam"[107]. Los datos de Saavedra son utilizados para dar la vuelta a los librepensadores moriscófilos[108]. Lo que escribe Longas es un anti-Saavedra donde lo importante no es destacar las "disposiciones restrictivas" ejercidas sobre los moriscos, como hasta ahora, sino la "pertinacia" de estos en resistirlas[109], como parte de su obcecación en separarse del resto de los españoles, en distinguirse malévolamente ya que "no puede sostenerse que la falta de instrucción religiosa fuese la causa de la pertinacia en que vivían los moriscos"[110]. La acción ejercida por la comunidad cristiana no es la destrucción de al-Andalus sino la ocupación de "los restos del territorio nacional aun sojuzgados por el poder agareno"[111]  y, en las escuelas, es claro que debían "aprender el castellano y la doctrina cristiana"[112]. Solo el interés de los señores y los sobornos retrasaban esta medida[113]. El clérigo Longas[114], discípulo de Julián Ribera y de Miguel Asín coordina perfectamente con la vuelta de tuerca del arabismo español que llevaría a los planteamientos de su generación (Antonio Prieto Vives, Angel González Palencia, Maximiliano Alarcón[115], Ambrosio Huici Miranda, José Augusto Sánchez Pérez...). Entramos en la época de la "objetiva independencia"[116], a la hora de machacar a los moriscos, y la del "anacronismo" para titular a sus defensores. En este sentido, la reflexión sobre los moriscos no ha dejado de ser una reflexión indirecta sobre la historia de la "nación española" hasta nuestros días[117], unida a los comienzos de un biologicismo[118] racista que afecta por contaminación estas decadas de finales del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial[119]. Nuestra inclusión en Europa se verá afectada por esta lacra musulmana de la que nos liberó la llamada "reconquista". Los historiadores de nuestro ambiguo[120] y un poco patético orientalismo dudaran entre españolizar los musulmanes o señalar ciertas malas o exóticas singularidades en nuestro pasado musulmán dentro de "ese conflicto que es España"[121].

En este sentido se dirigirá la clarificadora conferencia "Influencia del elemento indígena en la cultura de los moros del Reino de Granada", estudio destinado al Congreso científico Internacional de los católicos celebrado en Bruselas en septiembre de 1894 por d.Francisco Javier Simonet[122].

                        "Locura es pensar que batallas por la existencia, luchas encarnizadas y seculares de razas terminen de otro modo que con  expulsiones o exterminios. La raza inferior sucumbe siempre y acaba por triunfar el principio de nacionalidad más fuerte y vigoroso"

                        Menendez Pelayo [123]

"La ley histórica" de Menendez Pelayo[124] es confirmada por los datos positivos de las obras puntuales[125]  que se desarrollan a partir del primer cuarto del siglo XX, como la de Longas "Bastenos decir que si estimamos la medida en su tiempo y ambiente, no nos parece fuera de su lugar ni algo salido de tono"[126]. Los testimonios de los contemporáneos que la defienden se acumulan[127].

La ley natural se transforma en movimiento inevitable de la geología, exterior a lo humano[128], donde estos juicios deben basarse en hechos[129] que "confirman la razón con que la ciencia histórica demanda que los hechos se aclaren y reconstituyan por el resultado de los documentos que atesoran los archivos nacionales y que los monarcas españoles no estimaron conveniente facilitar a los escritores del siglo XVII"[130]. Manuel Dánvila va a descubrir ese mundo oculto que revela "la razón de estado"[131]. Se necesita "la prueba"[132] que Danvila esgrime contra los arabistas desviados del arabismo oficial. Unos y otros (Gayangos, Saavedra, Codera, Fernández y González[133], Simonet[134], Ribera...) deben explicar algo terrible: "cuando se presentó aquel fenómeno, para el historiador inexplicable, de una nación que se deja subyugar de tal modo que sus hijos se convierten en súbditos de los árabes"[135]. Un sometimiento que, para Danvila ya está cargado con la palabra "raza" que él utiliza con todas las ambigüedades que tiene a finales del siglo XIX[136].

            "Los moriscos eran irreductibles. La patria tendía hacia una unidad moral que era el complemento de la unidad política, conseguido con la fusión de todas las coronas peninsulares y un elemento de contradicción tan poderoso como el que los moriscos representaban, no constituían ya una simple rémora o un mero obstáculo difícil de allanar, sino una imposibilidad absoluta de realizar el objeto hacia el que tendía el movimiento unánime de la opinión nacional. Toda la dificultad consistía en la religión. El habla que parece otro signo esencial de la nacionalidad, no constituyó entonces ni nunca un obstáculo tan invencible".[137]

Desde ese momento, dictaminada la sentencia y confirmada por la monumental obra de Boronat[138], el morisco queda condenado al estudio local[139] que sólo confirma los datos oficiales[140]. Las obras de conjunto repiten, junto a la imposibilidad de "absorción" de los moriscos, "la falta de oportunidad en su instrucción"[141], "privar a España de su competencia y laboriosidad"[142] o "el mal trato recibido", su 'extraneidad cargada de exotismo africano[143], su carácter de "enemigos implacables de España"[144], la inevitable necesidad de solucionar 'el problema'[145]. "Todo el siglo XVI es periodo de pruebas para incorporar el espíritu de estos españoles, llamados moriscos, al cuerpo de la nación, una ya desde los Reyes Católicos, y siempre el intento de convertirlos falló"[146]. Pero, en definitiva, la conclusión es que "fue un bien para el país que lo dejaran"[147].

De esta manera se solucionaba el eterno problema de la asimilación o extirpación[148] de los forzosamente bautizados[149] mediante el expediente de la expulsión[150]. La identificación con el poder ha sido una constante de estos historiadores positivistas, automática e inconsciente[151], consejeros de una imposible moderación[152] pero que se sublevan ante los defensores de los moriscos, no menos ingenuos, a los que acusan de utilizar anacronismos como la 'tolerancia', mientras ellos nos dan términos tan del momento como prevención del delito, quintacolumnismo,...[153]

La guerra civil española con su replanteamiento del 'problema español' debía tener efectos en la polémica sobre los moriscos[154]. En el exilio, Sánchez Albornoz y Américo Castro reconsideraban el problema de la nación y sus exclusiones. En el interior, el arabismo era puesto al servicio de un estado que, de origen africanista[155], reclamaba un pasado árabe[156]. "Surge así la hipertrofia del mozarabismo, a la vez que se rinde culto a una serie de artefactos conceptuales: el providencialismo, el neogoticismo, el legitimismo astur y el concepto mítico de Reconquista que, como ha demostrado M.Barceló, no son sino variantes de una misma hipótesis cuya función historiográfica es la de entender la islamización de la península como una interrupción histórica, una entidad nacional dejada en suspenso"[157].

El orientalismo franquista quería realizar una doble carámbola: gracias al pasado árabe se alejaba del liberalismo europeo dando al país una señas de identidad particulares y, gracias a los arabistas españoles, los musulmanes dejaban de serlo para transformarse en mozárabes con disfraz. En este juego, los moriscos eran un engorro[158].

"La polémica sobre la valoración de la cultura musulmana en España estalla a partir de 1947. El punto de partida probablemente fue la publicación en este año por Ramón Menéndez Pidal del primer volumen de la Historia de España, por él dirigida, con el estudio preliminar: Los españoles en la historia. El año 1948, Americo Castro publicaba: España en su historia. Cristianos, moros y judíos, que revisa y reedita en 1954 con el nuevo título de La Realidad Histórica de España, de enorme éxito editorial[159]. Claudio Sánchez Albornoz le contestaría, en 1956[160], con su no menos célebre obra, España, un enigma histórico[161]. Contra el mudejarismo se levantó el mozarabismo: "Los mozárabes, glosados por Simonet ya en 1897, constituyen un grupo sociocultural uniforme, definido negativamente, es decir, en oposición a la sociedad musulmana. La consideración del mozarabismo como la condensación de la España eterna, de esa España guadianesca que se dejaría ver intermitentemente desde Sagunto y Numancia, pasando por don Pelayo, el Cid e Isabel la Católica, en lucha contra los anticuerpos: judíos y moros. Esta deformación tiene su canto de cisne en la obra de Olagüe (1969), que llega a negar que los árabes invadieran España, considerando la civilización hispano-musulmana el fruto de una evolución interna"[162], comenzada ya con el arrianismo[163].

El malestar de Cabanelas ante el resurgimiento del muerto viviente es evidente: "Por los años cincuenta, y medio siglo después de la extensa y documentada obra de Pascual Boronat y Barrachina, que parecía haber resuelto definitivamente la controversia en pro de la ejecutada expulsión, surge una nueva reconsideración de los estudios moriscos, acaso influida por las contiendas en torno al protectorado de Marruecos y a las diversas experiencias coloniales en el Norte de Africa"[164].

 

LOS MORISCOS FRANCESES

Es la memoria histórica francesa la que reinserta el tema morisco en la historiografía hispánica cuando esta parece llegar a un acuerdo consensual.

            - En primer lugar, los libelistas de 1609-1612 y Bleda en 1618 se rebelan contra una reacción europea que sólo puede ser francesa, contra la expulsión.

            - Los liberales afrancesados recogen en París el recuerdo de estos moriscos que se ha conservado como valientes luchadores contra la inquisición y el absolutismo hispano.

            - La descolonización argelina pone otra vez sobre el tapete al viejo objeto histórico de los moriscos con el formidable estudio de Braudel sobre el Mediterráneo y el de Lapeyre sobre la demografía morisca.

Estos moriscos afrancesados viven una doble relación, desde los contemporáneos de la expulsión[165], Enrique IV[166] y Richelieu. Van y vienen conectando los problemas internos de Francia y sus particulares relaciones con España, ambigüa desde el principio, como se ve en el texto de Gaspar d'Aubigné[167] y esta posición de escribir una cosa pensando en otra, se explicita en ciertas ocasiones. Todo el artículo de Bernard Loupias (1965) culmina en la declaración formal: "mais plus qu'hispaniques, les destins morisques sont maghrébins. Mieux connaître leur vie dans l'Espagne des XVI et XVII siècles doit revenir à mieux connaître cet Islam Ibérique, qui 'se replie avec ses meilleurs hommes et beaucoup de ses bagages sur l'Afrique du Nord'[168], y apportant son sang, la leçon de son expérience socio-religieuse, ses rancunes et ses espoirs"[169]. Desde Lapeyre (1959) a Chaunu, desde Braudel a Joan Fuster[170], Valencia se convertirá en "el Magreb central de la primera mitad del siglo XX"[171]: "Le grand triangle morisque entre Alicante, Saragosse et Valence, tend insolemment la main au Maghreb menaçant"[172].

 

¿MORISCOS ANTIFRANQUISTAS?

Los historiadores hispanos comienzan a encontrar extrañas las teorías coloniales de Braudel que, sin embargo citan continuamente. Se les cae el armazón y "lo que en un principio se planteaba como enfrentamiento cerrado de civilizaciones en un mundo colonial, resultaba al final el estudio de una convivencia frustrada"[173]. "El difícil equilibrio entre la represión sin contemplaciones de cualquier tipo de desviacionismo político de los moriscos y la contemporización - redoblada a veces por exhibicionistas concesiones - con los elementos leales, no podía mantenerse indefinidamente. El único corolario lógico era el extrañamiento; aunque los avatares de la política exterior indujesen a retrasar su ejecución, que, no por casualidad, coincidió con la apertura de un periodo de distensión internacional generalizada"[174].

                        Identificación con los incas, judíos, palestinos "i tantes altres minories esmicolades sota la petjada d'una dictadura victoriosa"[175].

Sin ser tan claros, los historiadores de finales de los años sesenta, vuelven a encontrar en los moriscos una serie de características identificatorias que planean sobre la mayoría de los estudios desde los moderados llamamientos a la convivencia de Maravall, Caro Baroja o Domínguez Ortíz. Sin embargo, no encontramos la unanimidad que hallamos ante el problema judeo-converso, la represión del erasmismo o el luteranismo... Los moriscos se subdividen según la historiografía.

 

¿PODIAN SER LOS MORISCOS CATALANISTAS?

En 1952, los textos de final de siglo publicados por Francesc Pons i Boigues, fueron recogidos desde una Institución bien del régimen como era el Instituto General Franco de Estudios e Investigaciones Hispano-árabes de Tetuán. En ellos, el autor se retrata la persecución y la malevolencia de la inquisición contra la algarabía de los moriscos valencianos[176]. Pons le da una vuelta al tema tratado por Danvila, dándole la razón malévolamente, cuando afirma que "el habla será siempre uno de los signos más permanentes y exclusivos de toda nacionalidad"[177]. Evidentemente, Pons pensaba en otra cosa al escribir esto y hablaba un lenguaje bien diferente del de Danvila. Desde ese momento, los moriscos han sido utilizados, a través de la algarabía, como una defensa del catalanismo en Valencia[178].

 

¿LOS MORISCOS PUEDEN SER VALENCIANISTAS?

Nuestra primera aclaración es la diferenciación establecida entre la historiografía hispana y la valenciana que pueden definir escuelas diferentes aunque estén emparentadas[179]. "En efecto, ninguna otra región había sufrido una mayor hecatombe demográfica, ninguna se había visto tan duramente afectada por la expulsión de los moriscos"[180]: uno de cada tres valencianos. ¿Era en realidad, la economía valenciana tan débil tras la expulsión de los moriscos como lo han afirmado los historiadores, con la notable excepción de Hamilton?[181]. Este problema, que James Casey engarza desde el final ha sido la hipoteca de toda una historiografía local[182] que siempre tuvo los moriscos como horizonte[183]. Valencia es el país que más estudiosos de moriscos ha producido.  

El problema especial de la actual formación social que conocemos como País Valenciano es que su acta de fundación es la invasión colonial realizada por Jaime I y reconocida en su fiesta oficial. La diferencia con Andalucía es que, para lograr una unidad en lo universal diferente a la catalano-aragonesa de origen, esta formación social no busca sus raices en el pasado musulmán, sino en su eliminación mediante el mozarabismo[184] que la libera doblemente del mundo andalusí y del pecado original de los colonizadores[185].

El arabista Ribera hablaba, en su prólogo al Libro del Repartimiento de Valencia[186], de "el documento base para su historia"[187], "el inventario de la herencia que los valencianos musulmanes legaron a los cristianos"[188], describiéndolo como el claro momento "en que se inicia y organiza el reino de Valencia"[189]

Otra solución parte de hablar de dos Valencias, la que está formada por los colonos y la de los aristócratas y sus colonizados. La una vive absorbiendo la otra, independientes y enemigas. Es la tesis que el profesor Reglà enunciaba en cierta manera al hablar de "L'expulsió dels moriscos i les seves conseqüencies  en l'economia valenciana"[190].

 

¿QUE PROBLEMA SUFREN LOS VALENCIANISTAS CON LOS MORISCOS?

La necesidad de eliminar el periodo musulmán se transforma para algunos en agónica y se inmerge dentro de las particulares guerras civiles que llevan a cabo los valencianos. El tema principal es la mozarabía, ese magnífico tema que ya blandía Menéndez Pidal en el I congreso Internacional de la llengua Catalana, con un "divide y vencerás" continuado impertérritamente por los autores castellanistas y es que "ni el hecho de la reconquista ni el señorío antiguo explican por si solos el idioma hablado en el Reino de Valencia"[191].

Desde esta postura original, los blaveros han conectado con el "substrato" previo mediante mistagógicas copulaciones, algunas de ellas con base lingüística[192].  ¿Qué hacen los moriscos enmedio de estos criollos independizados de las dos metrópolis originales (Aragón y Catalunya)? En todos los casos molestan y deben ser reinterpretados, a veces en posiciones que no entienden el resto de nacionalidades, autonomías, regiones y comarquillas del imperio peninsular que también tienen sus moriscos que llevarse a la boca.

"Las cuestiones que plantea el estudio lingüístico del Reino de Valencia son múltiples y de un carácter específico y particular que no permite relacionarlas con las que ofrecen otras regiones surgidas de la reconquista cristiana, tanto en otros dominios lingüísticos como en los propios del catalán"[193]. La solución es que el aporte cristiano vitalizaría "una mozarabía semi-extinta" provocando la identidad diferenciadora[194]. Posición criticada por Peñarroja que no admite este papel operativo del valenciano respecto de un mozárabe fosilizado sino que tan "solo el estrato mozárabe configuró la individualidad lingüística de Valencia...[195] y el nacimiento de un conciencia lingüística no dialectal, literaria y sociológica"[196]. "En lo fundamental, las peculiaridades fonéticas y léxicas valencianas estaban presentes en el estrato mozárabe valenciano; y no fueron pues traidas, ni resultaron de una suplantación[197]. Y termina con una frase de Harri Meier: "nunca ni en ningún lugar ocurrió el simple transplante de un idioma a otro pueblo o a otra población"[198]. Las tesis "reconquistadoras" deben ser anuladas por el mozarabismo[199].

Esta posibilidad es mucho más presente en la historiografía valenciana y la presencia morisca por tanto, mucho más indeseable. El morisco debe ser reculado al secano y expulsado de la artesanía si se quiere recuperar la Valencia mozárabe primigenia[200].

 

¿PUEDEN SER LOS MORISCOS ANDALUCISTAS?

El problema andaluz es también omitir la 'Reconquista', pero en beneficio de la continuidad musulmana. Los que se ocultan en este caso son los cristianos. Como dice Tierno Galván en el prólogo a El Ideal Andaluz de Blas infante: "No puede pasar inadvertida la extraña omisión que hace de la reconquista. Sería notable que no se hubiese percatado por su propio apellido y el de sus familiares de que al fin y a la postre procedían de familias repobladoras, si no en todos los casos si en bastantes[201]. La teoría de Blas Infante es que "los invasores han de someterse a la ley indeclinable de la adaptación al medio"[202]. El darvinismo se invierte: no son los vencidos eliminados por ley histórica como pretendía Menendez Pelayo-Boronat[203], sino los invasores los que se mestizan. No es, en absoluto, una cesión al mundo árabe, ya que "el genio andaluz particulariza al árabe, substrayéndolo a toda relación con la familia musulmana"[204]  y así se explica que los groseros bereberes abandonaran a los andalusíes en las Navas de Tolosa por no comprender la altura de lo que defendían[205]. Andalucía se encuentra entre la intolerancia de los godos y los lamtunas, las tribus del desierto, teniendo como símbolo a Hernando de Talavera[206] que pierde la batalla ante "la tiranía política que expulsa a miles de andaluces (judíos y moriscos) del suelo de la patria"[207], una versión de las Españas perdidas[208] que enlaza estos historiadores andaluces con la historiografía liberal del XIX y el americo-castrismo del siglo XX[209].

 

LA GRAN ALIANZA

Cuando los moriscos dejan de ser el sujeto apasionante de la historia, se descomponen en los estudios locales (como a principios de siglo) o en los estudios parciales (como en la actualidad)[210]. Esto no quiere decir que desaparezca una teoría general sobre los moriscos[211] sino que esta pasa por una etapa de consenso generalizado[212]. Los moriscos se convierten en un asunto menor de tesis impublicables o en flores decorativas de Congresos y Homenajes[213].

Así se llega a una paradójica situación en que no sabemos si el grupo de estudiosos sobre los moriscos es partidario de su extirpación al declararlos pertinaces o si es partidario de su identidad nacional a toda costa, por lo que fue inevitable expulsarlos para el gobierno "español".

La parte más conservadora y cercana a las tesis de 1609 ha logrado un puente singular con la parte radical pro-islámica. Ambos hablan sobre lo mismo y escuchan diferentes cosas. Por un lado tenemos la constitución de una nación, la española[214], y por otro lado la resistencia de otra nación a dejarse eliminar[215]. No se necesita recurrir al típico cajón del anacronismo para saber que ese no era el problema de la sociedad cristiana ni el 'problema' sufrido por los moriscos[216].

Uno de los últimos libros sobre los moriscos, escrito por Jeanne Vidal, define el conjunto en "su oposición a la sociedad cristiana (como un sentimiento voluntario) y convierte los "relajados" al brazo secular en la prueba de su negativa a la asimilación[217]. No se describe la época en que se quemaban los moriscos sino que se exponen las razones por las que eran quemados[218]. Esta escuela comparte con los estudiosos españoles su pasión por los papeles de la inquisición que, a veces se combina con reflexiones climáticas[219].

La alianza es implícita, pues, entre los que arguyen la pertinacia de los moriscos, funcionando como un sólo hombre, y los que defienden la posición de un morisco prenacionalista y fundamentalista avant la lettre[220] que se reafirma en su identidad[221]. Ambas posiciones consideran la expulsión inevitable[222]. Aparentemente contradictorias, sus aportaciones se apoyan mutuamente sosteniendo este nuevo edificio morisco que se nos viene encima.

"Les morisques, derniers représentants de l'Islam ibérique, mèneront une lutte quotidienne pour pouvoir vivre dans la différence"[223].

 

EL FIN DE LA HISTORIA:

A VUELTAS CON LA TOLERANCIA[224]

"La historia profunda de España, tan difícil de desentrañar como sus aguas subterráneas, es la  dedestino entremezclado de sus religiones fratricidas: la cristiana, recubriéndolo todo con sus brillos y sus fastos, pero tan complicada; la judaica, tenaz, complicada ella también; la islámica, por último, la más difícil de percibir y sin embargo tan viva" FERNAND BRAUDEL,[225]

 

A partir de 1981, vivimos una cultura de consenso, donde se intentan eliminar los periodos de enfrentamiento civil desde el más cercano hasta el de la renovada 'reconquista' o colonización de América. La palabra 'tolerancia' ha aparecido demoliendo en los artículos de prensa e invade los estudios históricos demostrando que no era tan malo el cristiano como lo pintan[226].

La sucesión de tópicos fabricados en el siglo XIX (resistencia al opresor, ghetto, taqiya,...) se continúan en cualquier texto formal hecho rápidamente sobre los moriscos al estilo del publicado por Miraguano[227] sobre Leyendas Moriscas[228].

 

RESUMIENDO

Los moriscos han tenido un alza en los estudios sobre ellos durante el siglo XIX (o su redescubrimiento) al discutir la forma de nación estado, el concepto de ciudadanía. La burguesía liberal asimiló los moriscos a su lucha, como víctimas de la intolerancia feudal y religiosa, eran una muestra de los pequeños trabajadores de la tierra pisoteados y de la asfixia que trae la falta de libertad religiosa. "Para un grupo destacado de estudiosos, tanto nacionales como extranjeros, es esta expulsión de los moriscos el desencadenante del proceso de la decadencia española. Por el contrario, para otros investigadores es precisamente el legado arabo-islámico la raíz de nuestra supuesta diferencia, lo que nos separa de Occidente y contribuye a nuestro atraso"[229] 

No hemos pretendido ser exhaustivos con el estudio de la historia de los moriscos[230], lo que requeriría un trabajo exclusivo, sino aprovechar lo útil para el nuestro de la 'imagen del morisco y su unificación ('todos son uno'). Para ello, hemos construido tan sólo una filiación, como hubieramos podido mostrar otras, que une durante un siglo Martínez de la Rosa - Estébanez Calderón - Saavedra y Canovas del Castillo en un hilo de militancia ideológica, cargos políticos, intereses culturales, relaciones amistosas e incluso familiares, donde 'el  morisco' evoluciona de la burguesía liberal (esquema argumental de Lafuente en torno a los años 1850) a la conservadora rematada por el clérigo Boronat (en torno a 1900): los moriscos vuelven a ser antiespañoles cuando España retorna oficialmente (concordato, escuelas religiosas, devolución de bienes al clero, ...) al seno de la catolicidad.

La alianza de la Restauración borbónica (1875), el pacto entre la burguesía conservadora, la iglesia y la nobleza, permite con la ayuda del positivismo-crítico[231], ejemplificado por Menéndez Pelayo, una inversión: los moriscos son 'la minoría' (extraparlamentaria y anárquica) que rechaza la integración en España y la modernidad[232].

Ha sido nuestro interés señalar como son dos exilios (1812-1830 y el posterior a 1936) los que colocan un exiliado, 'el morisco', en primer lugar (polémica entre Sanchez Albornoz y Américo Castro[233] como un elemento más[234] del 'problema español'). Pero, asimismo, estas dos entradas gloriosas en escena del 'morisco' están provocadas por la historiografía francesa que conservó una imagen pre-orientalista de España hasta el siglo XIX, conectándola con los afrancesados y que, por segunda vez, sumerge al morisco en su problemas postcoloniales, provocando una reacción peninsular, cuando fray Dario Cabanelas creía bien enterrado el personaje. Este 'morisco' se encuentra el país en plena evolución del régimen franquista y sufre sus evoluciones finales.

Planteamos asimismo un apunte sobre las dificultades de dos historiografías autonómicas (valenciana y andaluza) que despuntan inventando mitos nacionales, al encontrarse con 'el morisco' y su utilización en los cambios del franquismo, el post franquismo y el consenso actual.

Los moriscos tenían que renacer en la transición, como víctimas de la intolerancia, lo mismo que era inevitable su devolución al cajón con el consenso[235] y los pactos de 1980. Los moriscos franceses, apéndices del orientalismo[236], habían cobrado vigor en el conflicto argelino de los años cincuenta y desaparecieron con él.

Los moriscos aparecen en épocas de conflictos y es lógico que, en momentos de consenso, desaparezcan. La ola de xenofobia que recorre Europa los coloca de nuevo en el punto de mira[237]. ¿Asimilación o extirpación? ¿Es posible admitir una comunidad diferente a la cristiana? Los moriscos vuelven a estar de actualidad. Analicemos la polémica (interna a la comunidad cristiana) que rodeó su bautizo masivo (1501-1523), su unificación y su expulsión definitiva en 1609.

 



    [1]HAMILTON, 1978, p.80.

    [2]HAMILTON, 1978, p.81.

    [3] MARQUEZ VILLANUEVA, 1991, p.288-289.

    [4]CARO BAROJA, 1953, p.VII.

[5] LAPEYRE, 1959, p.3.

    [6] LAPEYRE, 1959, p.203.

    [7] SIMONET, Francisco J., Cuadros históricos y descriptivos de Granada coleccionados con motivo del cuarto centenario de su memorable Reconquista, Madrid, 1896, p.265.

    [8] MARQUEZ VILLANUEVA, 1984, p.63.

    [9]" LOUPIAS, 1965-1966, p.115.

    [10]GARCIA CARCEL, Historiografía sobre los moriscos, p.71.

    [11]"Le temps est passé de ces joutes valereuses et l'on peut aujourd'hui examiner sans passion ce grand problème historique, "LAPEYRE, 1959, p.3.

    [12]GARCIA ARENAL, Cuenca, p.115.

    [13]BRAUDEL, Mediterráneo, I, p.96 y II, p.179. También piensa en los negros de Estados Unidos enfrentados a los blancos pobres del Sur.

    [14]LAPEYRE, p.27.

    [15]BRAUDEL, Mediterráneo, II, p.178. "El español se encontaba allí, como el francés en Argel, el holandés en Batavia o el inglés en Calcuta", BRAUDEL, Mediterráneo, II, p.182.

    [16]BRAMON, Dolors, Contra Moros i jueus, Formació i Estratègia d'unes discriminacions al País Valencià, Premi octubre 1981, València, 1981. BRAMON, Dolors, "Una llengua, dues llengües, tres llengües", Raons d'identitat del País Valencià, p.17-47.

    [17]BORONAT, p.270.

    [18]Los 'fedayines' de SANCHEZ DRAGO, III, p.107.

    [19]GARCIA ARENAL, p.116.

    [20] GARCIA ARENAL, Los moriscos y la Inquisición, p.287; BUNES, p.16.

    [21]Memorias del Cardenal de Richelieu, t.X, p.231.

    [22] "Ces lignes empreintes de commisération voire de sympathie è l'égard de la communauté morisque sont dues à la plume d'Agrippa d'Aubigné. Elles traduisent l'intérêt que manifestaient les protestants français au XVI siècle ou au début du XVII siècle pour la minorité musulmane installée sur le territoire espagnol, VINCENT, 1988, p.24.

    [23]Sobre todo, la desaparición programada de términos de origen árabe sustituidos por neologismos latinos. EGUILAZ Y YANGUAS, Leopoldo, Glosario etimológico de las palabras españolas de origen oriental, Granada, 1886.

    [24]GARCIA CARCEL, 1977, p.72.

    [25]GARCIA CARCEL, 1985, p.4.

    [26] GARCIA CARCEL, 1977, p.72.

    [27]ABATE DE VAYRAC, Etat présent de l'Espagne, Amsterdam, 1719, I, p.165.

    [28]LABORDE, Alexandre de, Voyage pittoresque et historique en Espagne, Paris, 1807-1820.. LA RIGAUDIERE, E, Histoire des persécutions religieuses d'Espagne: juifs, mores et protestants, Paris, 1860.  MICHEL, Francisque, Histoire des races maudites de la France et de l'Espagne, 2 vol. Paris, A.Franck, 1847.

    [29]"On peut dire que ces princesses à turbans, ces sultans magnifiques et jaloux qui peuplent les nouvelles du XVII et du XVIII siècle viennent d'Andalousie, par le chemin de la Castille (ARNOUX, 1921, prólogo). La conexión entre este orientalismo francés y el español es la obra de Pérez de Hita, que traducida desde el siglo XVII en múltiples ediciones conserva el recuerdo oriental de la corte nazarí. Junto a ello no se puede olvidar El Abencerraje. "Las circunstancias en que el autor sitúa al personaje recalcan el haz y envés de capacidad y desamparo que desde la historia de Abindarraez y la hermosa Jarifa hasta El último Abencerraje de Chateaubriand será atributo de la figura idealizada del moro granadino" CARRASCO URGOITI, 1970. Esta figura conecta perfectamente en las versiones diferentes del 'buen salvaje', más cercanas a la idea de Chateaubriand que la caballeresca que él deja de lado claramente. "Al introducir en la novela morisca granadino el motivo del amor de un caballero hacia una mujer de distinta religión, Mateo Alemán preludia el amplio desarrollo que alcanzaran tales conflictos en la novela hispano morisca francesa y, más tarde, cuando se produzca el rebrote de interés (español) por la materia de Granada que suscitará en diversas literaturas del romanticismo" CARRASCO URGOITI, 1970. También preludia, con la atracción que ejerce Daraja sobre los nobles castellanos, la feminización del contrario ampliamente desarrollada en la odalisca romántica.

    [30]Los afrancesados no sólo se concretaran en la expulsión de los judíos y la actuación inquisitorial, mejor estudiada por cierto desde esta conexión europea. LLORENTE, Juan Antonio, Historia crítica de la Inquisición de España, Barcelona, 1835.

    [31]Luis Seco de Lucena Paredes, El Albayzin, Everest, 1974.

"En el último tercio del siglo XVII - escribe Luis Seco de Lucena Escalada - el ruido de los telares se fue apagando y paulatinamente desapareció la industria y con ella el bienestar económico del Albayzin. Se hundieron muchos de sus abandonados palacios y el tiempo borró los esplendores de su riqueza. Pero si la fortuna y el poder le volvieron la espalda, el Albayzin sigue protegido pro la naturaleza, espléndida y constante en sus favores, por el recuerdo histórico y la poesía legendaria y evocadora de la ilusión, dulce sueño de la vida, por el sol que inunda sus carmenes de flores y alegría y por el perfume de madreselvas que como verdes colgaduras, visten sus tapiales.

El Albayzin con sus cármenes floridos, sus litúrgicos aljibes, sus laderas cubiertas de pitas y nopales, sus calles estrechas y solitarias, sus mezquitas convertidas en templos cristianos, sus conventos que guardan primorosas reliquias del arte medieval, sus parduscos murallones en que ahondan raíces de centenarios laureles, su templado ambiente y su cálida luz andaluza, es un gigantesco monumento a la vida íntima de los musulmanes granadinos, que subyuga ya atrae, despertando intensa y melancólica ilusión" cit. p.14-21.

    [32]El orientalismo español (GONZALEZ PALENCIA, 1939, p.185) debe defenderse de una serie de ataques que le hacen los especialistas extranjeros, muy bien resumidas en el capítulo que Louis Bertrand dedica al "Balance de la conquista árabe" (BERTRAND, cap.IV, Barcelona, 1937) donde dice que "la influencia de los árabes y los berberiscos de África sobre el carácter español ha sido más radical. Se puede hasta sostener que a su contacto, los españoles se han arabizado o africanizado a medias". Bertrand encuentra como herencia del carácter árabe.

- El individualismo excesivo.

- Hábitos de indisciplina y anarquía.

- Versatilidad de los africanos y los asiáticos.

- Doblez en los convenios y maquinaciones tenebrosas de la diplomacia.

- Sed de oro, rapacidad sanguinaria y rebusca del tesoro escondido.

- "A los árabes deben los españoles la pretensión de ser si no el pueblo elegido de Dios, al menos la nación más católica de la cristiandad. Realmente, Bertrand riza el rizo cuando afirma que "cuando se camina por las tristes soledades de la Mancha, o de Extremadura, se comprende que el berberisco de Africa pasó por allí" (BERTRAND, p.188).

    [33]"la novedad de los tipos rubios que existiesen en España, y que, en parte, se deberían a la aportación goda, debió constituir un fuerte acicate sexual para la raza predominantemente morena de los invasores", LAS CAGIGAS, 1950, p.530.

    [34]FERNANDEZ Y GONZALEZ, Francisco, "De los moriscos que permanecieron en España después de la expulsión decretada por Felipe III, Revista de España, XIX, 1871, p.103-104 y XX, 1871, p.363-376.

    [35]RIBERA i TARRAGO, Julian, "Vida religiosa de los moriscos", BRAH, 1918. RIBERA I TARRAGO, Julian, "Supersticiones moriscas", Disertaciones y opúsculos, II, Madrid, 1928, p.493-527. RIBERA TARRAGO, Julian, (1858-1934), Opusculos diversos, Instituto General Franco de Estudios e investigaciones hispano-árabes, Tetuan, 1952. El prefacio al repartimiento está reproducido en las p.39-67. Ribera midió la cantidad de sangre española que corría por las venas de los califas andaluces. Es un dato aleccionador. En 'Abd ar-Rahman III ya no quedaba más que el 0,30 de sangre árabe; en su hijo al-Hakam II, el 0,15; su nieto Hisam II sólo tenía el 0,09, según nos cuenta Ribera.

    [36]GONZALEZ PALENCIA, Angel, "Huellas islámicas en el carácter español", Hispanic Review, VII, July 1939, p.185-204.

    [37]GARCIA GOMEZ, Emilio, y MENENDEZ PIDAL, Ramón, "Sobre la etimología del nombre del bastardo 'Mudarra'", Al-Andalus, nº 16, 1951, p.87-98.

    [38]Ignacio Olague, La Decadencia española. ensayo para la rectificación de la historia de España, San Sebastián, tomo primero, dedicatoria a Ramiro Ledesma Ramos. España los hubiera podido asimilar si hubiera durado un siglo más la Edad Media, p.230, pero la asimilación de todas maneras fue más completa ya que los árabes eran una infima minoría, p.232, Los judíos aun eran menos, p.234. En realidad no se expulsaron ni cincuenta mil judíos, p.238. En cuanto a los moriscos la orden no llegó a todos los interesados como se puede comprobar en las serranías españolas, p.239, ni se obedeció, p.240. Se cambiaron de trajes, p.241, y los medios técnicos la hicieron imposible, p.242. Admite en principio sobre unos trescientos mil p.244. pero luego rebaja a menos de cien mil, p.248.

    [39]GUICHARD, Pierre, "Les arabes ont bien envahi l'Espagne", Annales, 1974, nº6, p.1483-1493.

    [40]España, a partir de ese momento no puede admitir la solución de la mayoría de los estudios europeos que, excepción hecha de místicos esóteristas al estilo de Guenon, castran de sus estudios medievales la conexión musulmana, rechazan ese pasado como una ausencia o sólo admiten un papel neutro, no creativo, de puente con el pasado clásico.

    [41]UNAMUNO, Miguel, carta de diciembre de 1901, a Jose Enrique Rodó. Citado en el País de 24 de noviembre de 1988, por Juan Marichal en un artículo sobre democracia y cultura.

    [42]SANCHEZ ALBORNOZ, 1958, p.39. Luis Seco de Lucena, Orígenes del orientalismo literario, Publicaciones de la Universidad Internacional Menendez y Pelayo, Santander, 1963.

LLamamos escuela del orientalismo literario a la que tiene por temática de sus obras la descripción de la vida y costumbres árabes. Esta escuela aparece en España con el romance fronterizo que, en el siglo XV, incorporó el tema moro a la poesía castellana. p.7

Durante el romanticismo, la escuela de orientalismo literario fluye en dos direcciones distintas. Una de ellas es la que trazan los románticos alemanes, quiénes intentaron construir su artificio literario sobre una base científica y prefirieron lo puramente oriental a lo islámico andaluz. p.27

Frente a esta tendencia alemana, románticos ingleses, franceses y españoles mostraron su predilección por el Islam occidental y, en particular, por el Islam andaluz del siglo XV, que ya había tenido una vivificación poética en nuestro romancero. Buscaron en sus páginas motivos de inspiración y se sintieron dominados por el encanto con que el tema se manifiesta en el romance morisco. p.27 Un mundo islámico andaluz emocional y falso.

Casi todos los moros de nuestros romances han tenido una existencia real y no fueron una invención poética, sino nobles caballeros granadinos, adalides de la política o caudillos de los ejércitos nasries. En algunos casos, los poetas castellanos relatan sus proezas, si causaron viva impresión en la España cristiana; pero lo frecuente es que solo quede el recuerdo de un nombre que alcanzó gloria y gozó de celebridad entre los castellanos, nombre que, luego, esos poetas idealizaron, atribuyendole una personalidad con características muy diferentes de las que le atribuyó la historia. p.51.

 

    [43]Véanse prolegómenos del estilo de ECHEVARRIA, Juan Velázquez de, Paseos por Granada y sus contornos, primera edición en 1764 bajo el seudónimo de Jose Romero de Iranzo, la 2ª en Granada, 1824.

    [44]Francisco Martínez de la Rosa, catedrático granadino, anglófilo y diputado en las cortes de Cádiz, fue encerrado en el peñón de Velez de la Gomera a la vuelta del absolutismo (1814-1820). Ministro de Estado en 1822, alineado con los moderados, tuvo que exilarse en París tras la entrada de los cien mil hijos de San Luis. Su política de pacto con la oligarquía tradicional, a partir de su presidencia del Consejo de ministros en 1834, le valieron el mote de 'Rosita la pastelera' por sus intentos de evitar la guerra civil, terminando por emigrar con la regente María Cristina tras el golpe de Espartero en 1840. Volvió a la política como embajador en París (1844-47), en el Vaticano (1848-51, fundamental para el concordato) y llamado a la presidencia del congreso de los diputados en 1851, 1857 y 186O con breves periodos ministeriales.

    [45]"En la primera mitad del siglo XIX la generación romántico liberal simpatiza con los moriscos en cuanto víctimas de un austracismo absolutista opresor. Historiadores como Boix, perales, Muñoz Gaviria y, sobre todo, Janer y ensayistas como Blanco White participan de esta común beligerancia reivindicativa, bien apoyada y promocionada por una escuela de arabistas españoles (conde, Gayangos) o europeos (Dozy), que opuso a las versiones oficiales de la historia medieval española, la realidad de unas fuentes árabes dictaminadoras de "otra historia", GARCIA CARCEL, 1977, p.72-73. Véase BOIX, V, Historia de la ciudad y reino de Valencia, Valencia, 1845; PERALES, J.F, Notas ampliatorias a las Decadas de Escolano, Valencia, 1878; MUÑOZ Y GAVIRIA, Historia del alzamiento de los moros, su expulsión de España y sus consecuencias en todas las provincias del reino, Madrid, 1861; JANER, condición social de los moriscos, causas de su expulsión y consecuencias que ésta produjo en el orden político y económico, Madrid, 1857, reedición en 1988.

    [46]José Palanco Romero, Aben-Humeya en la historia y la leyenda, Discurso leido en la recepción del primero en la Real Academia de Bellas Artes de Granada, el domingo 21 de febrero de 1915, Granada, 1915. Manuel Fernandez y Gonzalez, los monfíes, p.9. Martínez de la Rosa, en su drama Aben Humeya, p.11, estrenado en Paris. Francisco Villaespesa, tragedia Aben Humeya, p.11. La obra de Martínez de la Rosa fue atacada por Larra. y con el antecedente de Calderón, Amar después de la muerte. Alabado por Menendez pelayo.

 

    [47]"La segunda etapa, que nace de esta evolución progresiva (idea de que la expulsión había sido dañosa económicamente aunque no expresada en obras de interés) y se extiende a todo el siglo XIX y primera parte del XX, es de matiz claramente polémico y - según advierte Caro Baroja - en los diversos estudios eruditos que ven la luz en esta época "se hace por lo general más labor de abogacía que otra cosa, y suelen ser más originales por la documentación que aportan que por los puntos de vista que mantienen": de un lado, los campeones de la tolerancia, que critican con dureza a los autores de semejante decisión, por considerarla especialmente inhumana y, sobre todo, altamente perjudicial para la economía española, al provocar la ruina de fértiles campañas y la desaparición de florecientes industrias, principalmente de tipo manual y artesano; de otro, los escritores católicos, quiénes, sin negar las consecuencias de la expulsión, procuran atenuarlas en lo posible, y se muestran más propensos a justificar la medida, debido a que los moriscos, no obstante haber recibido el bautismo, permanecían fieles a las creencias del Islam - lo cual suponía un constante peligro para la unidad religiosa de España -, y además representaban una fuerza actuando desde el interior del país en connivencia con los Estados musulmanes del Norte de Africa. Entre los paladines del primer grupo podemos citar - siguiendo el parecer de Lapeyre - a Juan Antonio Llorente, Modesto Lafuente y Henry Charles Lea; entre los del segundo a don Marcelino Menendez Pelayo, manuel Danvila y Collado y Pascual Boronat y Barrachina. Aunque cronológicamente pertenecen también a esta segunda etapa otros autores, como el conde Albert de Circourt, Florencio Janer, Manuel Serrano y Sanz, don Pedro Longas, etc, sus trabajos ofrecen ya una orientación primordialmente documental, apenas influida por la tendencia polémica" (Cabanelas, 1965, p.XI-XII)

    [48]Serafín Estébanez Calderón tuvo que huir, por sus ideas liberales a gibraltar despues del trienio liberal (1820-1823). su carrera es ascendente a partir de 1830: auditor general del ejército del Norte en la Guerra Civil (1835), diputado, senador, Consejero de Estado y Ministro de Guerra y Marina en 1847.

    [49]Sus evoluciones periodísticas con Mesonero Romanos se dieron en el Correo literario y mercantil y en la revista Cartas Españolas.

    [50]"Acaso en aquellas soledades, al resplandor de las hogueras, y cercado de aquellos hombres que dejando a España no pensaban sino en España, entretenía las horas de la noche relatándoles las desavenencias de los moriscos y cristianos y el triste fin de Lope y de María" (Cristianos y Moriscos, Aguilar, p.142).

    [51]GAYANGOS, Pascual de, "Language and Literature of the Moriscos", British and foreign Review, VIII, 1839, p.63-95.

    [52]Esta máscara oriental se muestra clara en su enfrentamiento con el crítico Bartolomé José Gallardo al que el dedica un soneto que comienza llamándolo "Caco, cuco, faquín, bibliopirata" respondido con el apelativo de "Alfamí Malagon farfalla". El juego oriental aparece lleno de fascinación por la Granada anterior a la conquista, feminizada en el personaje de la mora protagonista, y el hidalgo que irrumpe en ese ambiente de "faustos árabes, soñadoras celosías, murmurantes jardines..."

    [53]Estebánez Calderón señala la conexión con la realidad nacional en su dedicatoria a don Luis Usoz y Rio: "Tú, empero, leyendo esas mis fantasías nacidas en un suelo de azahares, en un país de ilusiones y recuerdos, retratando las desventuras de una nación desgraciada, los infortunios de altos personajes traídos a menos, a la muerte y al vilipendio por el desdén y la crueldad de la mala suerte, sabrás distinguir la realidad de la ficción, lo que son memorias lejanas de lo que son ecos de sensaciones más inmediatas, de impresiones acaso palpitantes todavía" Firmado: El Solitario.

    [54]Robert Ricard, Etudes Hispano-africaines, Instituto general Franco de Estudios e investigación hispanoárabe, Tetuán, 1956.

- Contribution a l'étude du mouvement africaniste en Espagne de 1860 à 1912. p.181-200.

 

    [55]"En el momento en que la Europa contempla asombrada el triunfo de las armas españolas en Africa, y en que tremola vencedora sobre los muros de la ciudad santa del islamismo, sobre Tetuán, esa ciudad, fundada por los moriscos, antes expulsados de España, la bandera de castillos y leones, no será fuera de propósito dar a conocer la dramática historia de un pueblo que, vencido por Isabel I la Católica, después de siete siglos de costosas lides, vivió largo tiempo aun entre nosotros hasta que un gran error político le hizo expulsar de nuestro suelo, marchando al Africa a aumentar el número de nuestros enemigos. MUÑOZ Y GAVIRIA, José, Historia del alzamiento de los moriscos, su espulsión de España y sus consecuencias en todas las provincias del reino por don José Muñoz y Gaviria, vizconde de san Javier, Abogado de los Tribunales nacionales, Individuo de las Reales academias de arqueología y numismática de Madrid y Tarragona, Caballero de la inclita y militar orden de san Juan, Administrador de todas rentas de las isla de Fernando Poo y demas posesiones españolas en el golfo de Guinea, Madrid, 1861. Dedicado a Leopoldo O'donnell y Joris, prólogo, p. VI.

    [56]Su ataque contra Circourt (CIRCOURT, conde Albert de, Histoire des mores, mudejares et des morisques ou des arabes d'Espagne sous la domination des Chrétiens, 3 t, Paris, 1846)

y el alemán A.L. de Rochan "cuya obra es calcada del anterior", se basa en el poco estudio de los documentos.

    [57]Como medida política sería acertada si los planes conspiratorios fueran ciertos pero no hay pruebas ni tenían fuerza para realizarlos.

    [58]El historiador Lafuente se lanza contra Lerma y sus hijos que "percibieron en este concepto (venta de las casas de los moriscos) 500.000 ducados, o sea cinco millones y medio de reales". "Para perpetuar la memoria de la expulsión de los moriscos de Valencia, suceso que llenaba de orgullo a aquel imbécil y corrompido ministro, se puso, y aun se conserva, en la sala capitular de Valencia una gran lápida de mármol el 21 de setiembre de 1609. !En esa Lápida, mentiroso monumento para engañar a la posteridad, si con sangre no lo desmintiese la historia, se dice, después de satisfacer la vanidad de los que intervinieron en la expulsión, grabando sus nombres, que este grande acontecimiento se verificó casi sin ruido, sine ullo pene tumultu. Los torrentes de sangre que corrieron en Valencia, el horror de la Europa culta, el grito de reprobación, que no ha bastado para acallar el transcurso de dos siglos y medio, se alzan para desmentir tan servil adulación. El historiador Gaspar Escolano, este hombre tan autorizado que había presenciado la mayor parte de los sucesos, para terminar la relación de ellos, dice estas memorables palabras: y por tanto queda dado fin a las antigüedades del reino de Valencia, con el nuevo estado en que se halla, hecho de reino el mas florido de España en un páramo seco y deslucidos por la expulsión de los moriscos". También el arzobispo Rivera quiso consagrar con un acto religioso este gran suceso, estableciendo una procesión todos los años, y señalando para esto una parte de sus rentas. MUÑOZ Y GAVIRIA, p.181. SANGRADOR Y VITORES, M, Memoria histórica sobre la expulsión de los moriscos de España en el reinado de Felipe III, Valladolid, 1858.

    [59]En el plano religioso, el catolicismo moderado le lleva a decretar a Lafuente que "aunque favoreció la unidad religiosa... el mérito hubiera estado en atraer a los descreidos y obstinados por la doctrina, por la convicción, por la prudencia, por la dulzura, por la superioridad de la civilización" (p.146).

    [60]De todas maneras "cuando se considera que después de más de un siglo de tener subyugados a los moriscos, sujetos a las leyes del reino, diseminados, mezclados entre españoles y cristianos, no se acertó a asimilarlos en costumbre y creencias, a refundir los restos del pueblo vencido en la gran masa del pueblo vencedor, que no se acertó ni a hacerlos cristianos ni a hacerlos españoles, sin necesidad de apelar al violento medio del exterminio de una generación, no se puede juzgar aventajadamente de la maña, la discreción y de la política de Felipe III y de los soberanos que le habían precedido" (p.146).

    [61]En el plano económico, "aun no ha acabado España de reponerse de la herida provocada por la expulsión". De la misma opinión es Muñoz y Gaviria y casi con las mismas palabras califica la expulsión realizada "del modo más injusto e inhumano de nuestro suelo, abriendo una honda herida en el seno común de la patria", p.2 y añade páginas más tarde que "Los males que ocasionó a España la expulsión de los moriscos fueron tan graves, tan intensos, que el transcurso de dos siglos y medio no ha bastado para reponerla enteramente de ellos. MUÑOZ Y GAVIRIA, 1861, p.187.

    [62]CAVANILLES, A, Historia de España, 1860.

    [63]Existía enmedio de la nación española un pueblo sobrio, económico y laborioso, cualidades que no le pudieron negar sus mayores enemigos, capaz de convertir los desiertos en vergeles y hacer productiva la tierra más ingrata; este pueblo era el morisco, aborrecido por los cristianos viejos, que no veían en los nuevamente convertidos sino los sucesores de los que dominaron en la península por espacio de ocho siglos. SERRANO Y SANZ, 1893, p.113-114. "Los campos quedaron yermos y extensas regiones despobladas, tanto que algunos pensaron que sería conveniente traer colonos del extranjero; la nación que había poblado medio mundo se trocó en un vasto desierto, y aunque no se pueda atribuir esto tan solamente al suceso de que nos hemos ocupado, es forzoso convenir en que fue una de las principales causas; España se privó de sus mejores agricultores y de una población industriosa y económica que hacia brotar riquezas de las mismas piedras". SERRANO Y SANZ, 1893, p.126-127. "Triste fue la suerte de la raza morisca después de su emigración y mientras tanto nuestra patria iba descendiendo de la cúspide de su grandeza", SERRANO Y SANZ, 1893, p.127.

 

    [64]MADOZ, Pascual, diccionario geográfico-estadístico-histórico, IV, Madrid, 1846.

    [65]"Los Reyes Católicos establecieron en España la Inquisición, tribunal que destruyó por largo tiempo la felicidad de los pueblos, que sofocó el genio y las luces bajo un odioso despotismo, MUÑOZ Y GAVIRIA, p.34

 

    [66]No fue tanto el mal que originó a España la perdida de esta crecidísima parte de su población, por su número como por la clase y la índole de la población expulsada, que era precisamente la de los agricultores, comerciantes e industriales, la población en fin más productora y la más contribuyente. El cultivo del azúcar, del algodón y de los cereales, la cria del gusano de seda en que tan aventajados eran los moriscos, quedó enteramente abandonada en las fértiles campiñas de Valencia, Murcia y Granada. Las fabricas de papel, de sedas de paños, que tenían en los castillos, tuvieron que cerrarse, porque no habituados los españoles a las artes y la industria, miraban con desprecio y desdén el ejercicio de aquellas artes que habían acaparado para sí y con gran provecho los moriscos. MUÑOZ Y GAVIRIA, p.186-187.....

 

    [67]Un puente lo encontramos en JANER, Florencio, Condición social de los moriscos en España, causas de su expulsión y consecuencias que esta produjo en el orden político y económico, Madrid, 1857. PRUNEDA, P, Crónica General de España, Madrid, 1869.

    [68]"En el orden económico se vio privada la nación de la población más útil, productora y contribuyente", MUÑOZ Y GAVIRIA, 1861, p.187.

    [69]FERNANDEZ Y GONZALEZ, Francisco, Los monfíes de las Alpujarras, Madrid, 1856.

    [70]¡Y a la nación española que tan caro ha comprado su unidad religiosa, que todo lo ha sacrificado a ella, hasta un millón de sus habitantes, hay todavía quien le propone en este siglo, que renuncie a ella, no a cambio de la posesión de un reino como el de los Paises Bajos, o la conservación de un millón de habitantes con su floreciente industria y riqueza, sino a trueque de estériles palabrerías", MUÑOZ Y GAVIRIA, 1861, p.194-195.

    [71]No entra en nuestro propósito referir estos grandes hechos de nuestras armas (la conquista de Tetuán), esta bella página de la historia de nuestro siglo, la hemos citado únicamente, al hablar del estado de hostilidad permanente de los árabes, a quiénes ha sido siempre necesario escarmentar con la fuerza, y que hace doscientos cincuenta años recibieron un poderoso refuerzo con la expulsion de los moriscos, que fue un gran mal para la nación española, considera económica y politicamente. Solo bajo el aspecto religioso produjo un bien. El de la unidad religiosa, la identidad de creencias de todos sus habitantes. MUÑOZ Y GAVIRIA, 1861, p.194.

    [72]CONTRERAS, Rafael, "Nuevos datos sobre la guerra de expulsión de los moros", Revista de España, LXVIII, 1879, p.185-209. GREDILLA, C.P, "Ceremonias de moros que hacen los moriscos", RABM, 1874, p.165-169. SERRANO SANZ, Manuel, "Nuevos datos sobre la expulsión de los moriscos  andaluces", Revista Contemporánea, XC, vol.II, 30 de abril de 1893, p.113-127.

    [73]ALARCON, Alpujarra, p.10-11.

    [74]Quiero terminar recordando aquel cuadro lleno de color que Alarcón trazara un Viernes santo en la alpujarra. Sobre la cumbre más alta de sierra Nevada, la imaginación del novelista ve una ingente cruz "mostrando sus brazos abiertos al continente africano, como en ademán de conjuro fulminado contra el islamismo". A los dos lados del Arbol de la redención contempla dos cruces más pequeñas, en la que están clavados "dos reyes moriscos, dos renegados, dos descendiente de Mahoma, que recibieron el agua del bautismo y luego se bañaron en sangre cristiana: el de la derecha, el que ocupa el puesto del buen ladrón, es aquel que, no sólo dijo haber delinquido por vengar a su padre, sino que se declaró cristiano a la hora de su muerte: es Aben-Humeya. El de la izquierda es el perpetuo traidor, la personificación del odio, el réprobo impenitente: Diego López Aben Aboo". La comparación de Alarcón no puede ser más exacta. Conformes con ella, sólo agregaremos, que la Poesía contemporánea y la Historia absuelven de sus pecados a Aben Humeya. La Poesía porque murió por amar, y la Historia, porque luchó heroicamente por defender las tradiciones de su pueblo. He dicho. José PALANCO ROMERO, Aben-Humeya en la historia y la leyenda, Discurso leido en la recepción del primero en la Real Academia de Bellas Artes de Granada, el domingo 21 de febrero de 1915, Granada, 1915, p.20. "Granada, Granada, tu Alhambra está en ruinas,/Llorando hasta el Africa van las golondrinas/A dar a sus hijos el triste mensaje,/Y tus nobles hijos lloran de coraje,/Ensillan los potros, empuñan la espada,/Y aullando de rabia se van hacia el mar", Francisco de VILLAESPESA. PAZ, A de, "Expulsión de los moros", Revista de España, CX, 1886, p.43-57.

    [75]La novela acaba en el precipicio del imposible amor donde el río y el mar acogen el canto de felicidad de ambos al verse unidos después de la muerte por el abrazo de las aguas (Felicidad Buendía, prólogo a Cristianos y moriscos, Aguilar, 1964). La influencia de este final es evidente hasta Mar i Cel de Angel Guimerá, también inspirado en drama morisco y con igual fin desgraciado. El profesor Bernard Vincent nos señala acertadamente que otro final idéntico se da en la leyenda de la Peña de los Enamorados.

    [76]Cuando Alarcón de por finalizado el orientalismo romántico, dirá en la Alpujarra "permanecieron sus deudos y antiguos súbditos, durante ochenta años más, legándose de padres a hijos odios y creencias, bajo la máscara de la religión verdadera; allí estalló al cabo el disimulado incendio, y ondearon nuevamente entre el humo del combate los estandartes del Profeta; allí se desarrolló, lúgubre y sombrío, el sangriento drama de aquellos dos príncipes rivales, descendientes de Mahoma, que sólo reinaron para llevar a un desastroso Waterloo el renegado islamismo granadino; y allí fueron, no ya vencidos, sino exterminados, aniquilados y arrojados al abismo de las olas, sus últimos guerreros y visires, con sus mujeres y sus hijos, con sus mezquitas y sus hogares, único modo de poder extirpar en aquellas guaridas de leones la fe musulmana y el afán de independencia. La nube de alarbes que entró por el estrecho de Gibraltar como tromba de fuego, y que por espacio de ochocientos sesenta años recorrió tronando el cielo de la Península, desbaratose, pues, entonces, y volvió de España al mar, en arroyos de lágrimas y sangre, por las ramblas y barrancos de la despedazada Alpujarra" (Alpujarra, p.18-19).

    [77]Antonio Cánovas del Castillo, de modesta condición, entró en las letras y la política gracias a su tio segundo, Estébanez Calderón, gracias al que estudió derecho en Madrid. Su única participación revolucionaria es la Vicalvarada junto a los progresistas de O'Donnell, al que redactó el Manifiesto del Manzanares. Su militancia en la Unión Liberal le llevó a la cartera de Gobernación en el ministerio Mon de 1864, de ultramar con O'Donnell en 1865. Después de la revolución de 1868, la reina Isabel II le entrega los poderes absolutos como jefe de partido de su hijo Alfonso el 22 de agosto de 1873. Desde ese momento se convierte en el artífice de la Restauración borbónica (1875), de la Constitución de 1876, y de la alternancia de partidos liberal-conservador que terminarían con las guerras civiles del siglo XIX.

    [78]Simonet destaca esta identidad del "impío vandalismo moderno" que ataca a la iglesia y destaca en "su simpatía con los musulmanes", 1896, p.310.

 

    [79]La inversión de los datos es total en un clero que ha asumido la restauración borbónica como identificación de España y catolicidad: "Los moriscos preferían el Alcorán al Evangelio; es más, llegaron a concebir odio profundo a todo lo católico por la sencilla razón de que para ellos era sinónimo de Español" y añade, extrañándose, "es curioso observar que la base de toda conspiración morisca contra la integridad de la patria era la propaganda religiosa", BORONAT, p.305. Evidentemente, el presbítero valenciano estaba otra vez pensando en otra cosa.

    [80]El análisis de la transformación de esta élite técnica al activismo político y, posteriormente, al quehacer intelectual, en FORNIELES ALCARAZ, Javier, Trayectoria de un intelectual de la Restauración: José Echegaray, Publicaciones Caja Almería, 1989.

    [81]Para el análisis de una evolución personal parecida y personalmente trágica en esta generación burguesa, técnica e ilustrada, PERCEVAL, José María, "Olallo Morales, análisis de una sociedad enferma", Boletín del instituto de Estudios Almerienses, 4, Almeria, 1984. p.159-179.

    [82]Sobre el final dramático de esta generación, véase el ensayo sobre el Presidente de la I república: FORNIELES ALCARAZ, Javier, Nicolás Salmerón. Las esperanzas republicanas de 1903, editorial Zéjel, Almería, 1991.

    [83]"en sus propios escritos a los musulmanes españoles y a sus descendientes públicamente convertidos a nuestra fe. La creencia mahometana, que conservaron, primero al amparo de los fueros y capitulaciones, y después a pesar de ordenanzas y duros apremios, fue causa bastante para que los mudéjares y los moriscos, al modo de los judíos, formaran una unidad social perfectamente caracterizada, una nación distinta en medio de la sociedad española, aun cuando en su mayoría pertenecieran a la raza de los dominadores y vistieran sus trajes, y vivieran con sus costumbres, y hablaran el mismo romance", SAAVEDRA, 1878, p.6-7.

    [84]SAAVEDRA, 1878, p.54-55.

    [85]Y aquí se puede hablar con toda propiedad de España porque la pretensión de Canovas, como historiador y como político, es la construcción de una entidad suprahistórica de la que él capta los matices temporales y las tonalidades diversas que el devenir impone a una esencia que se conserva inmutable.

    [86]"Ingeniero de Profesión, autor de una Teoría de los puentes colgados, un tratado de la Resistencia de los materiales y De la estabilidad de las Construcciones. Sin olvidar su libro inédito El Nilo, sus memorias sobre carreteras romanas para la Academia de la Historia y el notabilísimo artículo intitulado La Leonesa de la pintoresca obra sobre las mujeres españolas. CANOVAS, 1878, p.64-65.

    [87]"Mucho tiempo hace que eligió esta academia al hombre modesto, laborioso y sabio, a quien acabamos de aplaudir, y sólo mía es la culpa de que no ocupe ya la silla donde tan singulares servicios ha de prestar", CANOVAS, 1878, p.59.

    [88]"Lo que primero estimulaba su pasión por la literatura aljamiada era probablemente el dulce sabor arcaico, castizo, ingenuo, delicioso en verdad, que, bajo la pluma de los escritores moros, cobraba nuestra lengua", CANOVAS, 1878, p.61.

    [89]CANOVAS, 1878, p.74-75.

    [90]"Para mí el problema, aunque no resuelto hasta 1609, estaba terminantemente planteado desde el tiempo de los Reyes Católicos, o lo que es lo mismo, desde aquel de la gran reina, que da aun origen a tantas disculpables, pero ruidosas y con frecuencia extemporáneas vanidades en la gente española. No cabe dudar, en mi concepto, que el edicto de 31 de marzo de 1492, que echó de España a los judíos, determinó una nueva dirección de la política religiosa, que, en el lógico encadenamiento de los hechos tuvo por último e inevitable eslabón la Real Carta de 4 de agosto de 1609 contra los moriscos valencianos, y los bandos de igual índole que se siguieron", CANOVAS, 1878, P.78-79. "El principal objetivo de la política de los Reyes Católicos era la unidad nacional, y para esto resultaba más absolutamente precisa la unidad de fe en las distintas tierras peninsulares que la unidad administrativa o política, GONZALEZ PALENCIA, 1947, p.107.

    [91]"A él (el pueblo) no llegó nunca probablemente el espíritu de transacción que informaba la conducta de sus gobernantes y de sus pastores mismos, hombres prácticos, por necesidad, durante los largos siglos en que la total reconquista estuvo aplazada, si no indecisa",CANOVAS, 1878, p.83.

    [92]"Ni los monarcas fueron más que ejecutores de la voluntad individual de sus súbditos, de tal suerte concordes en la materia, que por raro caso se ofreció entonces la apariencia, ya que la realidad no pueda ser, de una voluntad común o nacional. Precisamente de un acto popular se derivó al fin y al cabo la gran dificultad teológica, que hubo ya en el siglo diez y seis, para tolerar el libre ejercicio de su religión a los moros de Valencia, como ordenó la ley de don Fernando el Católico, y como verdaderamente desearon aun sus sucesores por prudencia política. Pero, fue para mi, señores, el movimiento de las comunidades y germanías no solo popular, sino democrático", CANOVAS, 1878, p.83-84.

    [93]"Lo que más exasperaba a los partidarios ardientes de la expulsión era ver que hasta el último instante se ostentasen protectores suyos sugetos de mucha religión e importancia; por ejemplo, el conde de Orgaz en Madrid, y un monseñor Quesada, canónigo de Guadix y refrendario del papa en Roma", CANOVAS, 1878, p.94.

    [94]"Por aquel tiempo se ordenó, por quien podía, al padre Bleda, según dice él mismo, que borrase de su obra sobre los Milagros del Santísimo Sacramento, las palabras con que advertía que los moriscos no lo reverenciaban ni adoraban", CANOVAS, 1878, p.93.

    [95]"No quería el Papa traer complicaciones al Rey de España; y aunque naturalmente inclinado a la expulsión, condescendía con la Razón de Estado que nuestros políticos invocaban para no decretarla", CANOVAS, 1878, p.94.

    [96]"En el entretanto, esta Europa cristiana, que apenas puede soportar hoy el rezo muslímico en los confines del Asia, criticaba acerbamente, por boca de sus hombres de Estado, de sus economistas e historiadores, el caso mucho menos singular de que los españoles no quisieran seguir habitando con gentes a quiénes, según dijo Luis de Mármol, les faltaba fe y les sobraba el bautismo", CANOVAS, 1878, p.96.

    [97]En la misma línea de reflexión sobre los acontecimientos de 1640 y los moriscos, Pierre Chaunu comentaba un siglo después que "l'expulsion des morisques achève de déséquilibrer pour plus d'un siècle la péninsule ibérique. Décidée en Castille, elle brise Valence et l'Aragon. La Castille sort intacte de l'entreprise, mais l'Empire compte deux poids morts de plus après la Sicile et les Pays-Bas, le royaume de Valence et celui d'Aragon. L'Acte de 1609 porte, dans une certaine mesure, à moyenne échéance, les événements de l'été 1640", CHAUNU, 1961, p.96.

    [98]CANOVAS, 1878, p.97. "Frustrados todos los medios de conciliarlas dos razas enemigas, vista la insuperable animadversión de los moriscos a la religión cristiana, la expulsión de estos lamentable por las consecuencias que había de producir en el orden económico, era un hecho que se imponía; digan los que tanto han censurado a Felipe III, si España no debía padecer convulsiones más sangrientas de las que sufrió en el siglo XIX, agregándose al antagonismo entre las varias regiones y diversos partidos, el ocasionado por las luchas religiosas, en las cuales parece que la caridad consiste en hacer correr torrentes de sangre; la expulsión era un mal, pero un mal necesario para evitar otro mayor, y el error estuvo en no haberla llevado a cabo a principios del siglo XVI. SERRANO Y SANZ, 1910, p.43.

 

    [99]CANOVAS, 1878, p.100.

    [100]"Desde Florencio Janer a Pascual Boronat se piensa que la expulsión de los moriscos supone la culminación de la unidad política y religiosa de España, pero los diferentes estudiosos discrepan en el procedimiento, oportunidad y consecuencias económicas" BUNES, p.58. "La unidad religiosa, la paz pública, la garantía del poder del Estado, exigían a mi juicio la medida que, por dolorosa que fuera en su ejecución, en sus resultados y en sus consecuencias, no tenía más remedio que adoptar el monarca español, y resolverse a decretar como decretó, la expulsión de todos los moriscos españoles. Ahora, la responsabilidad moral de la expulsión, pasa por encima de Felipe III, pasa hasta por encima de sus privados y la recoge toda el sentimiento nacional, representado a mi juicio en las Cortes, en la opinión pública, en la literatura, en la poesía y en todos los elementos sociales que estuvieran al lado del Monarca para sugerirle la ejecución de una medida, que si reprochable bajo el aspecto económico, tiene cabal defensa bajo el aspecto político-religioso. He dicho (grandes y prolongados aplausos. El orador es felicitado calurosamente por los ateneístas). Danvila, p.346.

    [101]"Por su parte, otros sabio escritor y eminente crítico de nuestros días, D.Antonio Canovas del Castillo, en su discurso de contestación al leido ante la Real Academia Española en 1878 por D.Eduardo Saavedra, alega muchas y eficaces razones para justificar la expulsión de los Moros y Moriscos, rebeldes a nuestra santa fe católica y sobradamente indóciles a la dominación española", SIMONET, 1896, p.278. "El señor Canovas ha demostrado con muchos datos y razones que, si aquellos naturales eran malos cristianos, todavía eran peores súbditos y españoles, y que separados de los nuestros por profundos odios, era muy difícil que pudieran siempre vivir en un mismo suelo; que a pesar de las horribles crueldades y atrocidades que cometieron al rebelarse en las Alpujarras y de los incesantes crímenes y discordias que produjeron de allí en adelante, se buscaron por largo tiempo y con maravillosa paciencia y constancia los medios de pacificarlos y convertirlos, hasta que, agotados todos, se les mandó salir de España. Luego hace ver cuan peligrosa hubiese sido para nuestra patria la permanencia de aquellos enemigos domésticos durante la tremenda crisis que sobrevino treinta años después de su expulsión, cuando, sublevándose Portugal y Cataluña, y luchando nuestros soldados sin fortuna, aunque ni sin gloria, en Francia, en Italia y en Flandes,, quizá ningún otro pueblo se vio cercado jamás de mayores riesgos, y hubo momentos en que parecía inevitable la ruina de nuestra nación", SIMONET, 1896, p.280-281.

 

    [102]Opinión de Canovas del Castillo, BORONAT, p.341-342.

    [103]MENENDEZ PELAYO, Heterodoxos, IV, p.340.

    [104]"En la segunda mitad del siglo XIX, la generación de la Restauración abre paso al eruditismo ideológicamente reaccionario de la escuela de Menéndez Pelayo, eminentemente ratificadora de la mitología imperial y como tal, condenadora de toda minoría atentatoria a la unidad nacional-católica. el paternalismo moralista de Danvila, los datos aportados por Chabás, Contreras, el vizconde de Bétera, Foradada, Serrano Sanz y, sobre todo, el abrumador instrumental archivístico al servicio de la beligerancia radical del canónigo Boronat, fueron los pivotes representativos de la campaña defensivo-justificadora de la expulsión (la identificación de Boronat con el patriarca Ribera es absoluta) y sancionadora del destino morisco como lógica consecuencia del providencialismo de España "Luz de Trento", "martillo de herejes", de la España eterna, "gratia Dei", GARCIA CARCEL, 1977, p.73.

    [105]MENENDEZ PELAYO, Heterodoxos, IV, p.334.

    [106]LONGAS, Introducción, nota 2.

    [107]LONGAS, p.XXV.

    [108]"las leves diferencias o pequeñas omisiones que los moriscos introdujeron en la observancia de las ceremonias del culto mahometano, nada prueban en contra de su exaltado sentimiento religioso; y atendidas las trabas que a su libre ejercicio les fueron puestas, aun resalta más el profundo arraigo del Islam entre ellos" LONGAS, p.XXV.

    [109]LONGAS, XXXIII y XXXIV, el capítulo sobre la pertinacia, p.L-LXV.

    [110]LONGAS, p.LXIX.

    [111]LONGAS, p.XXXIV.

    [112]LONGAS, p.XLVII.

    [113]LONGAS, p.LIV.

    [114]LONGAS, Pedro, Vida religiosa de los moriscos españoles, Madrid, 1915 (edición facsímil, Archivum, Granada, 1990 con  prólogo de Dario Cabanelas).

    [115]ALARCON Y SANTOS, Maximiliano, "Carta de Aben Aboo en árabe granadino (estudio dialectal)", Miscelánea de Estudios y Textos Arabes, 1915, p.693-752. ALARCON Y SANTOS, Maximiliano, Lámpara de los príncipes por Abuquéquer de Tortosa, Madrid, 1931, 2 vol.

    [116]CABANELAS, 1990, p.XLII.

    [117]"Para terminar, diré que, aunque de nada sirven las lamentaciones respecto de la violencia social y del cainismo que ensombrecieron nuestra historia nacional desde el mismo instante de su alumbramiento, consuela comprobar que el paso del tiempo y el mismo proceso histórico han servido para redefinir muchas de las pautas culturales que entonces fueron diseñadas y que esto se ha hecho operando en el sentido de la racionalidad y del progreso. Y conste que al decir esto soy consciente de que se trata de fenómenos de carácter antropológico sobre los que poco o nada se suele reflexionar, precisamente porque están por debajo de la línea de flotación de nuestra sufrida nave nacional" (BELLON, 1983, p.146).

 

    [118]El biologicismo es una tendencia que persigue al historiador haciéndolo caer ingenuamente en expresiones como 'enquistado' (CORTES PEÑA, 1991, p.78).

    [119]BORONAT; p.X, "Raza mora" y "raza musulmana", p.XXI "la persecución y destrucción de la raza mora", p.XXIII, "raza mudejar", p.XXVI, "completa sumisión de la raza vencida", p.XXVIII, "raza morisca", p.XXX.

    [120]"El arabismo se refugia entonces en el proscrito mundo del krausismo, con representantes como F.Fernández y González, A.Machado - padre del poeta -, F-Codera y E.Saavedra desarrollando su "Curriculum" científico en las catacumbas del pensamiento oficial", GARCIA CARCEL, p.73.

    [121]"No fue el Islam, sino lo que el cristianismo ortodoxo medieval, de signo monástico y ascético, hizo de los valores intelectuales del Islam lo que engendra las singularidades que caracterizan a los españoles y separan a España de Europa" CANTARINO, 1977, P.305.

    [122]segunda edición, Tánger, Imprenta de la Misión Católica, 1895."¿A quien se debe el mérito de haber cultivado tan superiormente estas tierra, poblando de arboledas y vergeles, no solamente las bien regadas llanuras, sino hasta los enriscados cerros? A quien el honor de haber erigido tan notables obras de arquitectura y haber producido tanto caudal de escritos literarios y hasta científicos, como han llegado hasta nuestra noticia? ¿Por ventura a los árabes, conquistadores de nuestra península? ¿Por ventura a los bereberes y moros que tan eficazmente ayudaron a los árabes en la conquista y se establecieron juntamente con ellos en este territorio? ¿Por ventura al islamismo importado y profesado por unos y otros"? ¿Por ventura a la sometida población hispano-romana y visigoda, tan poco considerada por ciertos historiadores, y que, sin embargo, bajo la dominación sarracénica subsistió largamente y conservó la tradición literaria, científica y artística de los periodos anteriores.p.5-6 Para contestar satisfactoriamente a estas cuestiones, conviene advertir previamente que, en la exagerada cultura de los Moros de Granada, no es oro cuanto reluce y aparece a primera vista, sino en gran parte, encarecimiento de poetas y novelistas, así de los arábigos, ciegos admiradores y apasionados de esta especie de paraiso terrenal, como de los españoles y europeos, entusiasmados con las bellezas naturales del país y con la importancia de una conquista que vino a completar la restauración de nuestra patria y, como vulgarmente se dice, a terminar la epopeya nacional y cristiana de los ocho siglos. Deslúmbranse y engañanse los que imaginan poderoso y floreciente un Estado que nació pequeño y pobre, que disfrutó des escasos días de paz y de fortuna, y que consumió la mayor parte de su vida en lastimosa decadencia y larga agonía. p.6-7. Fácilmente se comprenderá que una sociedad como aquella, formada de elementos tan diversos e incoherentes, tan viciosamente constituida, tan mal gobernada y sometida a la ley Bárbara, despótica y corruptora del Corán, no podía subsistir larga ni felizmente. subsistió aquel reino mientras los sultanes de Granada cumplieron lealmente la sumisión y vasallaje prometidos a los monarcas de Castilla, o encontraron suficiente apoyo en los Benimerines y otros príncipes africanos, empeñados en sostener este baluarte del ya decadente islamismo; floreció hasta cierto punto, según veremos después, mientras no se gastó ni desvirtuó la influencia saludable del elemento indígena. p.7.

LOs árabes, ademas de su corto número en este reino, no eran un pueblo civilizador, ni literato, ni artista, antes bien grandemente refractario a la vida social, a las doctrinas de buen gobierno y al cultivo de las ciencias y artes. p.13

Guillermo Lubke en su Ensayo sobre la historia del arte: "Si el arte árabe se desarrolló en España con más perfección que en los otros paises islamizados, se debe sin duda a las relaciones íntimas de moros y cristianos, de las cuales éstos comunicaron a aquellos algo de lo noble, amable y caballeresco que resplandece en todos los ramos de su civilización, ciencias, arte y poesía, cit.p.59.

    [123]Historia de los Heterodoxos Españoles, p.240.

    [124]Menendez Pelayo en su historia de los heterodoxos, 1880-1882 daba allí el paso que Bleda tuvo vedado, muy contra sus vivos deseos de hacerlo: criticar a Felipe II por no haber decretado la expulsión a raíz de la guerra de Granada. El continuo estudio o del problema hasta la decisión de cortar en 1609 "aquel miembro podrido de la nacionalidad española" (p.236) le parece un ejemplo clásico de la probada ineficacia de las altas esferas políticas y eclesiásticas", MARQUEZ VILLANUEVA, 1984, p.72.

    [125]"El planteamiento de orden doctrinal queda así agotado para mucho tiempo. Trás Menéndez Pelayo el estudio de los moriscos vuelve por el resto del siglo a su cauce de investigación archivística, si bien impregnado en todo momento por la triple ortodoxia (religiosa, nacional y erudita) del maestro", MARQUEZ VILLANUEVA, 1984, p.74.

    [126]SANTOS NEILA, p.61.

    [127]BALLESTEROS, Historia de España y su influencia en la historia universal, Barcelona, 1926, IV, p.175, nota 166-169, p.301, nota 103-137, y p.313.

    [128]"Juzgando el hecho con nuestros ojos de ahora, no podemos menos de estimarlo como bárbaro, excesivo e inhumano. Podrá servirnos este argumento para mostrar como la ley natural, más que una costante metafísica estática, es una encarnación histórica de la visión cultural de la humanitas y por ende su inmutabilidad no está sometida al capricho colectivo, pero si a la capacidad de percepción y expresión del bien en cada época existencial del dinamismo motor de la historia. Solo así podrá explicarse el optimismo con le que fue acogida la expulsión, incluso por personas de relevante calidad", SANTOS NEILA, p.62. "Es algo así como la física de la historia, la ley inexorable del más fuerte", BRAUDEL, Mediterráneo, II, p.181.

    [129]"Los escrúpulos técnicos no eran tampoco el fuerte de Danvila. Su transcripción del parecer del obispo de Segorbe don Martín de Salvatierra, presentado al rey en julio de 1587, no incluye el párrafo relativo a la conveniencia de abandonar a los moriscos en las frías costas de Terranova, previo expediente de castrar a los masculos grandes y pequeños y las mugeres. La omisión fue detectada por Boronat, quien la justificó como error material, cometido insconcientemente sin duda por el copista empleado por Danvila", MARQUEZ VILLANUEVA, 1984, p.72. El olvido de Danvila debe ser benevolentemente mirado si contemplamos los que han seguido olvidando este apartado del discurso del obispo de Segorbe y comentándolo hasta nuestros días después de la exposición completa que hizo Boronat del mismo.

    [130]DANVILA, p.6.

    [131]DANVILA, p.10-11. "El sentimiento general que aplaudió la expulsión, no era el resultado de la ceguedad de ningún fanatismo, sino la plena convicción razonada de que el problema que se encarnaba en la presencia de aquella raza irreductible en nuestro suelo, había llegado a ser irresoluble después de frustrados tantos ensayos benignos para someterla. Fue la expulsión, por lo tanto, un acto nacional" (Danvila, p.329).

    [132]DANVILA, p.8.

    [133]FERNANDEZ Y GONZALEZ, Francisco, Estado social y político de los mudéjares de Castilla, considerados en sí mismos y respecto de la civilización española, Madrid, Joaquín Muñoz, 1866. Ed.Hiperión, Madrid, 1985, con prólogo de Mercedes García Arenal. El título del libro de Fernández y González, aparte de hegeliano, es todo un programa "en sí mismo".

 

    [134]SIMONET, F.J, Descripción del reino de Granada, Granada, 1872. SIMONET, F, J, El cardenal Jímenez de Cisneros y los manuscritos arábigos-granadinos, Granada, 1885. SIMONET, F.J, Cuadros históricos y descriptivos de Granada coleccionados con motivo del cuarto centenario de su memorable reconquista, Madrid, 1896. SIMONET, Francisco Javier, Descripcion del reino de Granada bajo la dominación de los naseritas sacada de los autores arabes, y seguida del texto inédito de Ebn Aljathib, Madrid, 1860.

    [135]DANVILA, p.12.

    [136]En sólo un párrafo encendido el orador llena los oidos ateneísticos de "raza mora", "raza musulmana", mientras la nación española tiene el sagrado destino de llevar a cabo el "esterminio de la raza mahometana" (Danvila, p.43). Para dar este salto Danvila transforma la frase tópica de "que procuraran la destrucción de la secta mahometana que aparece en los testamentos de Isabel la Católica y de Fernando en otra frase bien diferente como es el "encargo de exterminar a la raza mora" (Danvila, p.73-74).Cuando Boronat no los califica con el moderno apelativo, de raza tan querido de Danvila, les llama ésa gente', recogiendo la tradición despectiva del patriarca Ribera.

    [137]DANVILA, p.321-322."La unión, bajo un mismo solio, de las coronas aragonesa y castellana, realizaba una parte del programa demandado por la opinión pública de los cristianos españoles. El feudalismo venía a sufrir un golpe rudísimo; en cambio, el espíritu regionalista cediendo de la parte  que debía de ceder, robusteciose, adquiriendo la plenitud de vida que solo alcanzan los pueblos dentro de la unidad en la variedad, pero sin el absolutismo de arriba y sin el orgullo de abajo", BORONAT, p.94.

    [138]BORONAT Y BARRACHINA, Pascual, Los moriscos españoles y su expulsión. Estudio histórico-crítico,, con un prólogo de Manuel Danvila y collado, I, Valencia, 1901, Imprenta de Francisco Vives y Mora. Encargado por el Real Colegio del Corpus Christi.

    [139]FORADADA, José, "La insurrección de los moriscos de las Alpujarras y el marqués de Mondejar", en Revista Contemporánea, XXX, 1880, p.268-272.

    [140]GOMEZ MORENO, M, Guía de Granada, Granada, 1892. "Después de 1901, fecha de la publicación de la monumental obra de Boronat y de su contrapartida ideológica, la obra de Ch.Lea sobre los moriscos, transcurren unos años de abandono historiográfico de la problemática morisca, salvo algún trabajo disperso (López Martínez, Palanco Romero, Oriol Catena, Gaspar Remiro, Macho Ortega, Salva Ballester) hasta que el silencio se rompe drásticamente con la publicación por Américo Castro en 1948 de su "España en su historia" que suscitó gran eco polémico, del que es el mejor testimonio la obra de un "cristiano viejo", curiosamente "selfimegred": Sánchez Albornoz", GARCIA CARCEL, p.73-74. Véase SALVA BALLESTER, "Los moriscos valencianos en 1527 y 1528", boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, XVI, 1935; LÓPEZ MARTINEZ, Mudéjares y moriscos sevillanos, sevilla, 1935; ORIOL CATENA, La repoblación del Reino de Granada después de la expulsión de los moriscos, Boletín de la universidad de Granada, VII, 1935, p.305-331 y 499-528; GASPAR REMIRO, Granada en poder de los Reyes Católicos 1492-1494, Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, 1912; MACHO ORTEGA, Condición social de los mudéjares aragoneses (siglo XV), Zaragoza, 1923; PALANCO ROMERO, Aben Humeya en la historia y la leyenda, Granada, 1915; Foulché Delbosc, Revue Hispanique, 1914.

    [141]"Por tanto, parece evidente que las rectorías de moriscos estuvieron mal pagadas y con frecuencia los menguados emolumentos venían con retraso, quedando neutralizada en gran parte la reforma de 1574; en edificios insuficientes, viejos o en antiguas mezquitas; con una labor pastoral difícil, hostil, escasamente atractiva y chocando continuamente con la doblez y ambigüedad y pertinacia de los nuevos convertidos en sus antiguas creencias. Y como suele suceder, la combinación de trabajo duro y escasos ingresos da malos resultados. De ahí, la dificultad de encontrar sacerdotes para las parroquias, y los que aceptaron, en general, se caracterizaron por su escasa formación dogmática y cultural, o incluso moral, el absentismo, la negligencia y apatía en el cumplimiento de sus obligaciones pastorales, cuando no por el rigor en el cobro de multas con que compensar sus bajos salarios. Imagen deplorable, quizás, para los moriscos, y también cómoda para continuar fingidamente como "moros". Y con ello fracasaba uno de los elementos claves en el largo y difícil proceso de asimilación cultural y religiosa. El curato debía haber sido la célula básica de la actuación a nivel local, el párroco era el elemento fundamental del apostolado, el que, en principio, debía atraerse personal y después religiosamente a los nuevos convertidos para deshacer toda una creencia multisecular, imbricada en estructuras culturales diferentes. Ese era, en suma, el arduo objetivo de un Estado y de una sociedad que no aceptaba el pluralismo religioso", CISCAR PALLARES, 1989, p.227.

 

    [142]GONZALEZ PALENCIA, 1939, p.197.

    [143]GARRIDO ATIENZA, Miguel, "Los moriscos granadinos. Agüeros, hechizos, encantamientos y otros maleficios", La Alhambra, II, 1899, p.349-350.  GARRIDO ATIENZA, Miguel, Las capitulaciones para la entrega de Granada, Granada, 1910. GARRIDO ATIENZA, Miguel, "Zambra", La Alhambra, II, 1899.

    [144]TREVOR DAVIES, 1973, p.284.

    [145]Francisco Oriol Catena, La repoblación de reino de Granada después de la expulsión de los moriscos, estudio preliminar de Manuel Barrios Aguilera, edición facsímil de 1933, Universidad de Granada, 1987. "La sublevación de Aben humeya había puesto de relieve la existencia del grave peligro que para España representaban los Moriscos del Reino de Granada y la necesidad de acabar con el problema dándole una solución terminante. si tenemos en cuenta que todavía no se había dado la batalla naval de Lepanto, que por tanto el poder de los turcos se presentaba en toda su pujanza, como una formidable amenaza para la Europa cristiana y principalmente para España, que era la potencia que, por la dirección de su política, había de chocar necesariamente con los turcos, comprenderemos la atención extraordinaria que a la sublevación dedicó Felipe II" (p.10)

 

    [146]GONZALEZ PALENCIA, 1939, p.195.

    [147]"Por otra parte la simpatía de la mayor parte de los historiadores por los moros y moriscos y su odio a sus opresores españoles se han combinado para cegarles sobre el hecho de que todos los moriscos no significaban de ningún modo, en lo económico, una partida en el haber. Gran número de ellos ayudaban a los piratas berberiscos a devastar las costas, eran también fabricantes de moneda falsa, salteadores, bandoleros, envenenadores profesionales, financieros tramposos y tunantes de todo género. De muchos moriscos puede decirse sin lugar a duda que fue un bien para el país que lo dejaran", TREVOR DAVIES, 1973, p.300.

    [148]"Eran inasimilables", Braudel, Espagnols et morisques, p.408. "Pero a nuestro parecer, según los documentos examinados, inasimilables no eran", Arenal, Cuenca, p.117.

    [149]"De todo lo expuesto se infiere como enseñanza que la religión debe ser propuesta, pero no impuesta. Como el acto de creer debe ser voluntario y libre, el proponer la fe y el adoctrinar en ella jamás han de violar la voluntad de quien haya de aceptarla. La función del catequista ha de limitarse a ilustrar el entendimiento y mover el corazón por medio de la persuasión y la caridad, dejando a la gracia de Dios el éxito saludable definitivo" (Longas, p.LXXIX).

    [150]"No afirmaremos, sin embargo, que con una política de suavidad y prudencia en la catequesis se hubiera logrado la conversión sincera de los moriscos. Nos basta señalar el hecho de haber sido ineficaces cuantos medios se pusieron en práctica" (Longas, p.LXXX).

    [151]Hamilton repite cien años después los mismos argumentos que Danvila en 1889 (p.322-323) e incluso, con las mismas palabras levemente alteradas. Este intento desestimador de la civilización árabe es un tópico repetido. Por poner un ejemplo reciente, Baltasar Porcel la repite integramente en un artículo sobre los sefardíes donde la vulgarización propia de los periodistas roza la vulgaridad de los argumentos manidos: "De entrada hay que constatar que la España o reinos de las tres culturas - cristiana, árabe y judía - y anterior a la inquisición, pudo ser todo lo floreciente que realmente fue, pero su etapa inmediatamente posterior, el siglo XVI y principio del XVII, resultó ser desde el punto de vista cultural, literario, político, de una altura infinitamente mayor. Se afirma que al irse los moros se acabaron aquí la huerta y el sistema de regadíos. ¿Sí? Pues el Magreb, adonde fueron, no se distingue por su riqueza agrícola", PORCEL, Baltasar, "Sefardíes, decadencia", La Vanguardia, 21-X-90, p.27.

 

    [152]Consejos a los asimiladores, Borja, 1988, p.14.

 

    [153]Las conclusiones de Mercedes García Arenal en 1983 dividiendo los bandos de nuevo, ahora no en izquierdas ni derechas, sino en los partidarios de una minoría híbrida, "aculturizada con respecto a la sociedad mayoritaria", frente a los partidarios de una comunidad "plenamente islámica, tradicional y ortodoxa, sin diferencias de importancia con el conjunto de la Dar al-Islam, a la que pertenece con todas sus consecuencias". Su dictamen es severo al pensar que en torno a los moriscos seguirán "tomando cuerpo y encontrando portavoz otras cuestiones que le son bien lejanas" ¿Es qué alguna vez estuvieron cercanas a los moriscos? El corte de Mercedes García Arenal resulta totalmente artificial.

    [154] "Este conflicto puede ser considerado como uno de los más crueles que ha visto la Historia de España, ya que además de ser una guerra civil, aparece impregnado de fanatismo religioso por los dos bandos" (Bunes, p.14).

 

    [155]RICARD, R, "Contribution à l'étude du mouvement africaniste en Espagne de 1860 à 1912", Bulletin Hispanique, XLVIII, 1946, p.247-261.

    [156]"la extraordinaria obra de Ribera y Asín palacios demostrando las raíces árabes de la épica, la lírica y hasta de la filosofía de Santo tomas de Aquino, fue utilizada para potenciar la fraternidad hispano-árabe", GARCIA CARCEL, p.74.

    [157]GARCIA CARCEL, p.75.VALLVE, Joaquín, "Nuevas ideas sobre la conquista árabe de España. Toponímia y onomástica", al-Qantara, X, 1989, p.51-150.

    [158]Para ver los problemas que crea la entrada de los árabes en España véase VALLVE, Joaquín, "Sobre algunos problemas de la invasión musulmana", Anuario de Estudios Medievales, IV, 1967, p.361-367; MONROE, J.T., Islam and the Arabs in Spanish scholarship, Leiden, 1970; BARCELO, Miquel, "Some Commentaries on the Earliest Muslim Invasion of Spain", Islamic Studies, IX, 1970.

 

    [159]A pesar de las exageraciones 'estilísticas', las intuiciones de Américo Castro siguen siendo vigentes: "De tratarse de una querella puramente religiosa, bastaba con inquirir si los descendientes de judíos o moriscos eran auténticos cristianos en cuanto a su creencia y a su conducta. Si el humanista o científico estaban en regla con la iglesia, y no si el ser humanista o científico era ya por sí solo un síntoma de ascendencia judaica. Hasta se hurgaba en la cuestión del si el sospechoso era 'agudo' de mente, por aquello de 'ni judío necio, ni liebre perezosa', AMERICO CASTRO, "La Edad conflictiva: castas, honra y actividad intelectual", Temas y problemas del barroco español, tomo III, Historia de la Literatura dirigida por Francisco Rico, p.62.

    [160]"Sin embargo, por lo multisecular de su arabización, tras la caida del reino de Granada, los últimos portadores de la tradición hispano-islámita, los moriscos, pudieron constituir focos de contagio de prácticas muslimes entre los cristianos con quiénes convivían. Formulas puras y espurias del misticismo musulmán-español dejaron por ello algunas huellas entre los místicos y alumbrados cristianos del siglo XVI. mas precisamente cuando era más fácil el mestizaje y el injerto entre los dos pueblos, hubo de ser menos fecunda la simbiosis entre los dos módulos primitivos de existencia románica y arábiga. Porque los moriscos no pudieron librarse de la presión vital de la sociedad cristiana dentro de la que vivían; y porque eran ya muy hondos los cauces de la vida española para que pudiera alterarlos la presencia de una minoría vencida y dominada, la mayor parte de la cual estaba integrada por los granadinos obligados a emigrar después de 1570 y constituía, como han señalado Lapeyre y Chaunu, un subproletariado desarraigado y flotante. Entre esa minoría y la cristiandad llegó a la postre a haber, más que la vivaz contraposición entre dos mundos vital y culturalmente enfrentados, la diferencia que separa al grupo señoreado - como tal obligado a ganarse duramente la vida en oficios de paz - y la casta de los dominadores, en quiénes priva el espíritu señorial y guerrero" (Sanchez Albornoz, España en su historia, I, p.188).

    [161]GARCIA CARCEL, 1985, p.4. "En España ha dominado más el anticastrismo - Asensio, García Gómez, Alonso Criado de Val - reforzado pro no pocos filósofos extranjeros - Spitzer, Ziegler, Otis Green - aunque el castrismo haya sido particularmente beligerante en los últimos años - Sicroff, Goytisolo, Márquez Villanueva, Guillen, Grassotti... - GARCIA CARCEL, 1985, p.4.

    [162]GARCIA CARCEL, 1985, p.6.

    [163]"Ha sido en España la revolución islámica el producto de una larguísima evolución, iniciada en el siglo IV con las primeras predicaciones arrianas del unitarismo. Y que termina en la cumbre de esta progresión insensible donde se sitúa radiante en su esplendor extraño la Mezquita de Córdoba". Ignacio Olagüe, La revolución islámica de Occidente, Publicaciones de la fundación Juan March, 1974, p.339-340. Sobre la pretendida invasión árabe, p.9.

 

    [164]CABANELAS, 1990, p.X. En la España imperial iba a surgir un nuevo 'problema morisco' sin embargo asombrado de que "desaparecida, con la conquista de Granada en 1492, la personalidad política del reino granadino, los Reyes católicos acariciaron la ilusionada esperanza de una próxima fusión religiosa y social de su población, dentro de la vida general española, cuyo ideal de unidad espiritual, constituía la gran aspiración de la Monarquía Peninsular"(LÓPEZ MATA, 1957, p.331).

    [165]GAFSI, Abdel-Hakim, BOUGHANMI, Mohieddine, "A propos du passage des Morisques par la France", dans Les Morisques et leur temps, U.E.R. des Langues, Littératures et des Civilisations de la Mediterranée (4-7 juillet 1981), Editions du CNRS, Paris, 1983, p.431-435.

    [166]"Son zele (de la regente Marie de Médicis) á l'exaltation de l'Eglise, qui doit dominer d'une mer á l'autre, arbore la Croix & esleve les fleurs de Lys aux Isles infidelles, cultive ce que la pieté de HENRY LE GRAND a planté en l'Orient, donne aux Maures le sejour en France, & les oblige de louér sa grande Iustice en la seurété de leur passage. Eloge Historial sur la vie, les vertus, la fortune, les plus memorables actions, et l'heureuse Regence de la Royne mere du Roy, Pierre Matthieu, pièce de 56 + 2 p., (B.N.P.: 4º Lb363458), cit. p.42.

    [167]Commencement de troubles en France par le différend de Bearn.... et pource que sa Majesté et quelques vieux conseillers faisoient dificulté de rompre les promesse si fraτches et jurées si expressément, fut tenu un conseil de conscience (15 oct.1620) oε il fut résolu de mettre le Concile de Constance en pratique et vigueur. Sur ce point Arnoux (Jean Arnoux, jésuite, né Ω Riom, confesseur du roi dépuis 1617) déploia sa rétorique, exposa au roi ce que nous avons dit ailleurs touchant la harangue faite à Henri le Grand par l'ambassadeur d'Espagne, accompagné du nonce du Pape et du comte de Botti, et puis, comment, sur la reponse du Roi qui l'obligéa á détruire les Reformez, qui confessoient Christ, quand l'Espagnol auroit extirpé les Morisques qui dans l'Espagne le blasphémoient publiquement. Et le mesme Arnoux conclud que Henri le Grand, aiant foulé aux pieds sa promesse reciproque et laissé en paix les héretiques du royaume, avoit appellé sur soi la juste vengeance de Dieu. Là dessus les privilèges du Bearn furent brisez, l'édit de réunion publié avec le changement du gouverneur et de la Garnison de Navarreis.

Agrippa d'Aubigné, Tome III, Histoire universelle, 1,XV,chap.XV

Les principaux affaires de ce costé‑là vers nous estoyent les commandemens au Nonce de prendre toutes occasions pour interpeller le Roi de tenir ses promesses du sacre et du mariage; c'estoit pour proceder à l'estirpation des réformez. Pour à quoi travailler le duc de Florence presta le comte Botti, excellent homme d'affaires et auquel le nonce et l'ambassadeur d'Espagne devoyent prendre correspondance et se rapporter... Ce fut de là qu'avint, quelques années aprδs la rude tragédie des morisques, sur ce que les trois que nous avons specifiez, joints à deux Prelats de France, prirent un jour le Roi en mauvaise humeur et, l'ayant sollicité de l'extirpation, ce prince, se retournant vers Taxis, qui avoit pris la parole, lui dit assez rudement: "faits que vostre maître chasse de sa domination tant de peuples qu'il souffre publiquement blasphemer le nom de Jésus Christ, et puis je chasserais les huguenots, qui l'ont en honneur et son fideles á mon Etat". L'ambassadeur pria le Roi de se souvenir de sa parole et lá‑dessus fut projettée la ruine de ce peuple, qui a fait horreur á la Chrétienté. Agrippa d'Aubigné, Supplément á l'Histoire Universelle, éd.J.Plattard, Paris, Champion, 1925

p.12, chap.1

 

    [168]BRAUDEL, p.585.

    [169]LOUPIAS, p.128.

    [170]"Mirades les coses sincerament, no hi ha dubte que, des del nostre angle - de valencians actuals -, l'expulsió fou una sort. Algun erudit ha comparat la situació valenciana del XVI amb la de l'algeria del 1961: comparança prou exacta, si. El moriscos eren un poble colonial a la pròpia terra - al capdavall, ells eren uns valencians mes antics que els altres -, i els cristians eren una mena de pieds-noirs sobrevinguts i explotadors. Però, con que l'antagonisme dels dos pobles no podia transformar-se  en integració completa, perquè era una dualitat irreductible - religió, llengua, mentalitat -, el mes fort va eliminarel mes feble. Més ben dit, el rei i els seus consellers van resoldre el problema eliminant els moros. Potser els cristians indígenes no ho haurien fet mai per pròpia iniciativa. si el plantejament nacional del XVI hagués perdurat fins als nostres dies - i hi hauria perdurat, si no hagués mitjançat l'expulsió -. avui el País Valencià potser seria una altra Algèria. No hem pas d'enganyar. I no seria una perspectiva massa convincent, penso", FUSTER, Nosaltres el Valencians, edicions 62, 1962, p.79.

    [171]"Communautés morisques et communautés chrétiennes vivent ici juxtaposées. Les villes sont chrétiennes, mais les faubourgs morisques. Dans le royaume de Valence, en simplifiant un peu, le 'secano' est musulmán, le 'regadio' chrétien, les riches terres de la plaine, chrétiennes, les broussailles des collines et la montagne, musulmanes. Les deux communautés vivent côté à côté, mais bien separées et sans jamais s'interpénétrer. On pense évidemment au Maghreb central de la première moitié du XX siècle. Cette situation découle de la 'reconquista' et, plus loin encore, de tout le passé de l'Espagne musulmane. L'Espagne conquise ne fut jamais, est-il besoin de le rappeller, que partiellement musulmane. Mais la côte du Levant fut, au Moyen Age, la plus profondement conquise. la plus profondement conquise parce que la plus proche du Maghreb conquérant, la plus appuyée à une Méditerranée musulmane, la plus semblable, aussi, donc la plus facilement absorbée", CHAUNU, 1961, p.90.

    [172]CHAUNU, 1961, p.91.

    [173]Benitez Sanchez-Blanco, Casares, p.19.

    [174]Emilia Salvador. p.58.

    [175]Carmel Biarnés, Els moriscos à Catalunya. Apunts d'història d'Ascó, Documents inèdits, Ascó, 1981, p.16.

    [176]Estudios breves, p.48. PONS BOIGUES, Francisco, "La Inquisición y los moriscos de Valencia", El Archivo, II, 1887-1888. p.251-258 y 309-314. Publicado en Estudios breves, Instituto General Francisco Franco de Estudios e Investigaciones Hispano-Arabe, Tetuan, Marruecos, 1952.

    [177]DANVILA, La germanias de Valencia.

    [178]Lo estrambótico del caso es la conexión de diferentes escuelas historiográficas que hablan de distintas cosas con el mismo nombre y se dan mutuamente la razón. De los moriscos argelinos a los moriscos catalanistas, pasando por la justificación particular y eterna que tiene la historiografía valenciana, país que basa su existencia con muy acertada razón en la conquista de Jaime I. De la misma forma los argumentos son reversibles. Si Joan Fuster arrima el ascua a su sardina, Cardaillac lo reinterpreta diciendo que "para los hombres del siglo XVI, como lo indica el historiador Joan Fuster, la lengua tenía un valor nacional: imponer la lengua a sus vasallos y a las minorías era un paso más en la política de asimilación, CARDAILLAC, p.145.

    [179]BIOX, V, Om-al-Kiram o la expulsión de los moriscos, Valencia, 1867.

    [180]James CASEY, The kingdom of Valencia in the seventeenth century, Cambridge, 1979; traducción: El reino de Valencia en el siglo XVII, Siglo XXI, Madrid, 1983, p.2. Habría que acotar que esta catástrofe de que nos habla el profesor Casey ya había sucedido en el reino de Granada con la expulsión de 1570 y en proporciones mucho mayores.

    [181]Earl J. HAMILTON, American treasure and the price revolution in spain, 1501-1650, Cambridge, 1934, p.304-306; traducción: El tesoro americano y la revolución de los precios en España 1501-1650, Barcelona, 1975.

    [182]CHABAS, R, "Los moriscos de Valencia y su expulsión", El Archivo, IV, p.231-234 y 373-388.

    [183]MAGRANER RODRIGO, A, La expulsión de los moriscos y consecuencias económicas para la Región Valenciana, reedición Valencia, 1975.

    [184]"Y lo que es más interesante para nosotros, conserva el Repartimiento huellas bastante visibles del dialecto romano que los moros de Valencia hablaron durante varios siglos después de la conquista árabe, dialecto latino que se hablaría en Valencia en tiempos visigóticos y anteriores", RIBERA, p.64.

    [185]En esta línea veánse los libros de A.Vila, Historia del pueblo valenciano, Valencia, 1983; Pere Aguilar i Pascual, Nostre idioma, Valencia, 1984; las tesis recogidas sobre la 'Reconquista' de forma didáctica y panfletaria por Ricardo de la Cierva, 1990.

    [186]RIBERA TARRAGO, Julian, (1858-1934), Opúsculos diversos, Instituto General Franco de Estudios e investigaciones hispano-árabes, Tetuán, 1952. El prefacio al repartimiento está reproducido en las p.39-67.

    [187]RIBERA, p.41.

    [188]RIBERA, p.60.

    [189]RIBERA, p.64. "Esta edición, aunque constituya para los más un monumento enigmático o completamente mudo, cual las estatuas que se erigen en paseos y parques, merece guardarse con cariño, como testimonio o recuerdo perenne de la gesta más grande realizada por nuestros antepasados, en que se fundan las más veneradas tradiciones de la región valenciana", p.67.

    [190]REGLA, p.99-148 de su Aproximació a la Història del País Valencià, L'Estel, 1968, 5ª ed. 1982, con la insoluble qüestió morisca" que sitúa los márgenes del problema.

    [191]Alarcon pensaba utilizar el estudio de la carta de Aben Aboo para corregir no sólo la versión del vocabulista aravigo de Alcala sino comparar con el ejemplar valenciano de 1566 para observar las variantes dialectales regionales.

    [192]Peñarroja, Mossarabisme i substrat, 1987. El enfrentamiento inevitable y victorioso en pos de una identidad valenciana limpia los últimos restos de un catalanismo soñador de paises catalanes y revitalizado en los años sesenta a fuer de antifranquismo. Esta pelea, cada vez más light, entre valencianistas (versión blavera o socialista) frente a los últimos restos del catalanismo progre (que no quiere decir progresista), se encuentra con el molesto grano morisco.

    [193]COLON, Germán, "El Valenciano", Actas VII, CILR, I, 1953, 138.

    [194]PEÑARROJA, p.464; SANCHIS GUARNER, 1953, VII, CILR, II, p.447-482; PEÑARROJA, Substrat, p.59-61.

    [195]Antonio Ubieto Arteta, Orígenes del Reino de Valencia, Zaragoza, 1968.

    [196]PEÑARROJA, p.466. Véase las multiples piruetas de FUSTER, Joan, Heretgies, revoltes i sermons, Barcelona, 1968. FUSTER, Joan, Nosaltres els valencians, Barcelona, 1962. FUSTER, Joan, Poetas, moriscos y curas, Madrid, Editorial Ciencia Nueva, 1969. FUSTER, Joan, Rebeldes y heterodoxos, Barcelona, Ariel, 1972.

    [197]Para un resumen vulgar veáse la CIERVA, 1990, p.291. Francisco de Borja Cremades, Normativa de la lengua valenciana, 1985; CREMADES, La llengua valenciana en perill, VALENCIA, 1982.

    [198]PEÑARROJA, p.467.

    [199]Las tesis anzaluzas encuentran más dificultades ante el mozarabismo: "En Granada, quedaron habitando en ella dos pueblos, uno conquistador y otro conquistado, cuya fusión impidieron por largo tiempo las capitales diferencias de raza, lengua, leyes y religión. Formaban  el pueblo conquistador árabes y bereberes; el conquistado, aparte de algunos judíos, le componían  godos y romanos, que se refundieron por la unidad de su causa en el nombre común de mozárabes, los cuales por algunos siglos y con heroica entereza conservaron la fe de Jesuchristo, no sin grandes reyertas y disensiones con los musulmanes, hasta que extirpados por estos los unos, huidos otros a los reinos cristianos que se iban formando en España, y algunos pocos convertidos al Islamismo, prevaleció al fin la gente sarracena" Francisco Javier SIMONET, Descripcion del reino de Granada bajo la dominación de los naseritas sacada de los autores árabes, y seguida del texto inédito de Ebn Aljathib, Madrid, 1860, p. 21.

 

    [200]Estas derivación de fuerzas primigenias hortícolas y paelleras, esta sucesión directa desde la dama de Elche al traje de la fallera mayor, provocan una lucha más fuerte contra el mestizaje que en otros lugares. La necesidad de afirmarse frente a Cataluña no provoca una maurofilia mistagógica como en el caso andaluz sino la destrucción del morisco cuando no los intentos desesperados de mozarabizarlo.

    [201]TIERNO GALVAN, Introducción al Ideal, p.14-15.

    [202]INFANTE, Ideal, p.65.

    [203]"No vacilo en declarar que tengo (la expulsión) por cumplimiento forzoso de una ley histórica, y solo es de lamentar lo que tardó en hacerse. ¿Era posible la existencia del culto mahometano entre nosotros, y en el siglo XVI? Claro que no, ni lo es ahora mismo en parte alguna de Europa; como que a duras penas le toleran en Turquía los filántropos extranjeros que por el hecho de la expulsión nos llaman bárbaros", MENENDEZ PELAYO, Heterodoxos, IV, p.339. "Hoy se invocaría para la expulsión de aquella raza, el peligro para la patria, la integridad nacional, si antes no abríamos presidios para sepultar aquella gente... Pero no adelantemos conceptos y sigamos estudiando como se va desenvolviendo la ley histórica hasta su perfecto cumplimiento, no en virtud de un determinismo más o menos fatalista, sino presidido aquel cumplimiento por un poder sobrehumano, tan real como execrado por los que tienen la osadía de negarlo", BORONAT, p.219. "De esta manera se iba llevando a cabo en gradación uniforme, natural y lógica, por no decir exacta y necesaria, el cumplimiento de la ley histórica que no había de verse logrado hasta 1609", BORONAT, p.295. Los contemporáneos de la expulsión no lo vieron como la solución final ni la justificaron como tal, pero si uno lee la historia de los moriscos a través de los intérpretes dramáticos de finales del XIX, se acerca mucho a esta visión. No puede evitar la desazón y el deseo del exterminio total de 'esa gente', la inevitabilidad de ese momento e incluso el alivio de que llegue el instante deseado."Diriase que un poder oculto detenía el brazo de la justicia real, y si fuésemos a creer en supersticiones moriscas, llegaríamos a afirmar, o cuando menos a sospechar, que el Neguix y Menguix, ángeles negros de aquella raza, habían sido enviados por Allah", BORONAT, p.304. "Así se iban sucediendo unas disposiciones a otras, obedeciendo más que a la fuerza del sino, como diría un fatalista, a los decretos de un poder sobrehumano que velaba por los destinos de nuestra nación, mientras llegaba el cumplimiento de la ley histórica recordada por Menendez pelayo", BORONAT, I, p.671.

    [204]INFANTE, Ideal andaluz, p.72.

    [205]INFANTE, Ideal, p.73.

    [206]INFANTE, Ideal, p.75.

    [207]INFANTE, Ideal p.75. "La expulsión de esta desgraciada raza supuso un grave daño a la agricultura, el comercio y la industria andaluzas, actividades que ejercían con eficacia. En general la despoblación fue descomunal y se considerará en la historia como la decisión más cruel, absoluta e inmoral de todas las persecuciones en la península ibérica" (Repiso, historia básica, p.136). ""que gastaron su vida en arrancar frutos a una tierra que ahora perdían definitivamente" (tema de Troya y de la compasión, Cabrillana, 1981, p.195).

    [208]VILLAR RASO, Manuel, Las Españas perdidas (odisea africana de Yuder Pachá y de los moriscos granadinos), Editoriales Andaluzas Unidas, 1984.

    [209] Hay un grupo que pretende tecnocratizar con buena fortuna los repartimientos, esas actas de fundación de la Andalucía moderna (Franco Silva, p.199).

    [210]El problema de los artículos descriptivos y neutros es, aparte de la selección de los datos o el mismo interés por un tema siempre es preocupante el hecho de su vaciedad. Lo que dicen no nos libra de los textos, es algo que leyendo los textos sabríamos descubrir (Moreno Olmedo, 1978, p.237-242). Considerar que todos los artículos no son inocentes no significa negar la producción historiográfica, un apaga y vamonos general. La producción sobre los moriscos es acumulativa (sin ser selectivamente darviniana) produciendo un saber cada vez más refinado sobre el objeto a estudiar.

    [211]Bunes reparte piropos como "irracionales argumentos" (Bunes, p.43), o "se muestra más ecuánime" (Bunes, p.52), o "síntesis acertada y realista" (Bunes, p.55). "Circourt manejó la poca documentación que utilizó de una manera caprichosa, difamatoria, subjetiva y exagerada" (Bunes, p.83).

    [212]A partir del positivismo, las opiniones van siendo escondidas o son la apostilla final de la selección de los datos que se ofrece como discurso científico. Altamira puede decir que "los moriscos del reino de Granada eran gente trabajadora, honrada y fiel" (III, p.76). Basándose en Pedraza, afirma que "tenían buenas obras morales, mucha verdad en tratos y contratos, gran caridad con sus pobres; pocos ociosos, todos trabajadores" (p.77) aunque eran "mal vistos por el vulgo" (p.77), tenían "poca devoción los domingos".

 

    [213]"Resuelto aparentemente el problema religioso, se plantea el de los usos, costumbres, fiestas, vestido, etc, cuyo abandono se hacía absolutamente necesario para llegar a la completa asimilación de elementos tan distintos" (Villegas, Lecrín, 1971, p.28. La posibilidad de que se digan ingenuamente estas afirmaciones, en un estudio científico, es que la repetición constante de los lugares comunes ha provocado la naturalidad de las proposiciones.

    [214]"Très vite, les autorités de l'Etat apparaissent désireuses de parfaire, par l'unité religieuse et idéologique, l'unité territoriale récemment acquise", CARDAILLAC, préface a Vidal, p.5.

    [215]Continuando a utilizar la idea de la extranjerización del morisco, en la línea de la "reconquista" de España ("la terre où, depuis près de huit cents ans, vivaient leurs ancêtres) "Ces nouveaux chrétiens, que l'on appellera Morisques, conservent au fond de leur coeur la religion de leurs pères, qu'ils continuent à pratiquer dans le secret de l'intimité familiale. Des campagnes d'évangélisation sont organisées, mais, la plupart du temps, en vain", CARDAILLAC, préface a Vidal, p.5. (Les gens d'Eglise eux-mêmes finissent par se décourager", CARDAILLAC, p.6).

    [216]Los historiadores españoles atan cabos con unos estudiosos que, en torno a la escuela de Cardaillac, están como siempre hablando de otra cosa. Los libros de esta escuela franco-sureña extrañan por que no solo practican este juego de hablar de los moriscos pensando en otra cosa, hecho habitual de la historiografía y hasta casi necesario, segun parece. Lo más complicado es que incluso los titulares son dobles: dicen una cosa y nos cuentan otra. El libro de Jeanne Vidal (Quand on brûlait les morisques), de indudable efecto imaginativo, parece remitirnos a la terrible represión ejercida sobre ellos, el insoportable olor de la carne quemada, los gritos de las víctimas... Superadas las páginas y los comentarios al uso de carácter conmiserativo, nos encontramos con otro libro sobre la obstinación, la pertinacia y, como no, la dureza de mollera, que sólo los inquisidores sabrán hendir con habilidad y con el que la autora pretende "tout au long de son démonstration, transmettre la vie qui palpite encore dans les dossiers inquisitoriaux".

    [217]"Si l'on admet que la communauté morisque se caractérise, de par son histoire, par son opposition à la société chrétienne, il va de soi que ces condamnés en sont l'expression la plus adequate. Ces morisques sont le fer de lance de leur groupe, dans la résistance à l'assimilation", CARDAILLAC, p.6-7.

    [218]No entramos en la posición que adopte la especialista ante la hoguera encendida, pero arrima el ascua a ciertos sitios sobre todo en sus interesantes capítulos de "Un Islam armé" o "Les Martyrs: une résistance spectaculaire". Desde luego, hubiera sido cuando menos razonable no titular un capítulo con el sorprendente título de "La résistance quotidienne ou de risques assumés". Aún sorprende más su posición de negación implícita y afirmación práctica de la famosa, y ya un poco aburrida cuestión cristiana de la taqiya, o la negación de la polémica de su maestro Cardaillac. Al estar continuamente exponiendo Jeanne Vidal la resistencia morisca hasta el martirio, niega implicitamente los textos de Cardaillac sobre la taqiyya, la famosa disimulación, aunque en el fondo se trate del mismo objetivo: el morisco en su ser interno, según maestro y discípula, es un bloque, un musulmán completo e insoluble.

    [219]Raphaël Carrasco, "Morisques et inquisition dans les iles Canaries", Revue d'histoire des Religions, CCII-4, 1985, p.379-387."L'Office, languissant et corrompu, isolé, trop sensible aux séduissantes pressions des clientèles, laissa faire les Morisques et ne surveilla de près que les nombreux protestants du Nord, pour des raisons plus économiques et politiques que religieuses" (379) "Trop d'intérêts particuliers étaient en jeu, trop de pressions s'exercaient pour que ces prélats déployassent un zèle que la nature du climat proscrivait. Ne disait-on pas dans les années 1580 à las Palmas que tel inquisiteur entretenait des liens d'amitié très étroits avec telle famille morisque enrichie dans le commerce d'esclaves? Il ne s'agit là que d'un  simple détail, neanmoins révelateur de l'xistence d'un certain cancer qui rongeait l'institution. Les peines prononcées à l'encontre des rares morisques effectivement jugés traduisent du reste una rare faiblesse. Aucun d'entre eux ne fut remis au bras séculier, ni ne fut davantage torturé. Il faut dire que la question revêtit dans ce tribunal un caractère absolument exceptionnel. Entre 1568 et 1574, l'inquisiteur Ortiz de Funes - promu depuis Tolède où il avait exercé pendant vingt-cinq ans les fonctions de procureur - ne la fit administrer qu'une seule fois, et encore fallut-il pour ce faire sortir le condamné des prisons secrètes, car le Saint-Office ne disposait pas d'une chambre de torture. Les peines couramment appliquées aux délits des Morisques furent le fouet et la confiscation des biens - mais ces victimes figuraient justement parmi les plus pauvres des îles. Un petit nombre de récalcitratns prit le chemin des galères, quelques femmes celui de la prison de la Penitence. Les Judéoconvers furent plus durement traités ainsi que les différents protestants - nombreux entre 1580 et 1615 - venus du Nord à l'appel des trésors indiens. Les Morisques porsuivis ne furent ni les plus riches ni les plus dangereux d'un point de vue religieux. Leur histoire, triste et monotone, est celle d'un vieux rêve de liberté, vieux comme le monde, où l'Islam n'a somme toute que peu de part. Elle s'insère bien dans ce contexte coloré des aventures de la mer aux múltiples frontières et transgressions. Les Saint-Office des Canaries, languisant et corrompu, n'est certes pas le meilleur moyen d'exploration de ces réalités. Mais il témoigne de leur force" (p.387).

    [220]"El problema acecha en la misma medida por el lado de las no menos parciales y envenenadas fuentes islámicas. Permítaseme expresar aquí mi desaliento ante el fervor con que los eruditos musulmanes siguen dándose a diatribas contra la intolerancia y crueldad de la España cristiana, como si ello necesitara demostración o en semejante juicio de valor se resumiera todo el problema. Se sitúan, en general, sobre el mismo terreno que, a la otra orilla, pisaba hace más de un siglo Menéndez Pelayo y del que tanto nos hacostado liberarnos. ¿Cómo podrán aceptar que la instancia islámica no se allí la clave universal y única de todo el problema? No he oido a ningún colega musulmán mencionar ni aún de pasada el exterminio que a manos de los alárabes esperaba a muchos moriscos valencianos en las arenas del Norte de Africa", MARQUEZ VILLANUEVA, 1991, p.6.

    [221]"Les morisques étaient au fond de leur coeur musulmans", SABBAGH, 1983, p.45.

    [222]La ley histórica se repite en unos y otros, la conclusión final es "Inviabilitat de la continuació morisca al país" (Bramon, p.102). No importa que sean favorables o contrarios a los moriscos. La unanimidad es absoluta entre los estatistas.

    [223]VIDAL, 1986, p.192."Rien en somme n'a été négligé par ce fils d'une Espagne devenue intolérante pour montrer au reste de la communauté leur soif de vivre ensemble dans un pays qui était le leur, tout en gardant ce qui était l'essence même de leur spiritualité: une religion", VIDAL, 1986, p.193. Hay un poco de morbosidad sin gran contenido en esta constatación de persecución y resistencia, muy dentro del gran mito occidental (desde Troya al último mohicano), "L'intérêt qu'éveille toujours, dan ses manifestations angoissées, la résistance au milieu ambiant des civilisations proscrites", COSTES, commentaire sur le livre de Longás, Bulletin Hispanique, XVIII, 4, 1916, p.62-64.

    [224]La tolerancia de finales del siglo XX presenta una gran desviación con el contenido semántico que se le daba en el siglo XIX. Allí significaba comprensión, benevolencia, llevar sufridamente las ideas del otro para cambiarlas mediante las luces (igual definición del término en el Diccionario de Autoridades). En ningún momento da  un puesto de igualdad al Islam. Se le va añadiendo un contenido de diferencia tolerable entre dos medidas, de origen técnico ya que esas dos piezas han de ajustarse entre sí (María Moliner). Actualmente, 'tolerancia' ha pasado de la paciencia original respecto de las opiniones ajenas al 'respeto' por las ideas de los otros. De ahí la ambigüedad del término y su inevitable utilización perversa. Véase Louis Cardaillac, editor, Tolède XII-XIII. Musulmans, chrétiens et juifs: le savoir et la tolérance, Autrement, Paris, 1991.

    [225]Prólogo a Cardaillac, p.7.

    [226]"No podemos añadir más a lo ya expuesto. Únicamente, para concluir, recordar los apoyos y la tolerancia con que contaron los moriscos aragoneses en determinados momentos. Lo dicho hasta aquí, al menos, parece un nuevo síntoma de ello", GOMEZ URDAÑEZ, 1984, P.267.

    [227]GUERRERO SORIANO, 1984.

    [228] Tiene secuencias tan sabrosas como esta:

                                - "Hubo entre los moriscos quiénes prefirieron el comienzo de una nueva vida antes que verse ajusticiados por algo tan sagrado e inequívocamente particular como es la conciencia individual" p.V.

                                - "La literatura morisca, fiel guardián de tradiciones y estilos anteriores y, sin embargo, netamente hispánicos", p.X

                                - "Una brillante cultura que, aunque silenciada y perseguida durante siglos, constituye una de las bases fundamentales de nuestro ser actual", p.XV.

 

    [229]GARCIA ARENAL, Prólogo a Fernandez y González, 1985. Añade: "Entre estos estudiosos, que tenían una visión de la sociedad nacional condicionada por ideales de homogeneidad étnica y cultural y, sobre todo, católica, la expulsión de los moriscos fue una medida justa, necesaria y altamente loable.

    [230]Para una mayor información sobre el 'problema historiográfico de los moriscos' nos remitimos a los estudios de García Cárcel, Márquez Villanueva, García Arenal, RAVILLARD, Martine, Bibliographie commentée des Morisques. documents imprimés de leur origine à 1978, Alger, 1979. En cuanto a introducciones superficiales, podemos señalar el imcompleto estudio de BUNES.

 

    [231]El positivismo tiene el problema del equilibrio imparcial a veces un poco ingenuo y ñoño: "En tres aspectos, sin embargo, mostró Felipe III elogiable consideración hacia los moriscos" (HAMILTON, 1978, p.75). También mostrará una tendencia marcada a utilizar a libelistas como cronistas (Bleda, "quizá el mejor informado", Hamilton, 1978, p.72).

    [232]Dejan  de ser la masa rural necesaria, laboriosa y productiva que hubiera transformado al país introduciéndolo en la modernidad.

    [233]Vicente Cantarino, Entre monjes y musulmanes. El conflicto que fue España, Alhambra, 1977.

Inmerso en la polémica Castro-Albornoz

España como nación creada frente al Islam, con lo que recoge las tesis de los dos antagonistas. Mestizaje o afirmación de la identidad frente al otro es lo mismo.

"No fue el Islam, sino lo que el cristianismo ortodoxo medieval, de signo monástico y ascético, hizo de los valores intelectuales del Islam lo que engendra las singularidades que caracterizan a los españoles y separan a España de Europa" (p.305). Es natural que el libro de Cantarino no tuviera mucho éxito en la transición a la España democrático europea y comunitaria.

 

 

    [234]Un breve esquema de estas tres etapas está resumido por fray Darío Cabanelas en su obra sobre el morisco granadino Alonso del Castillo (p.X-XII).

    [235]"Una intolerancia por ambas partes" (Herrera Aguilar, 1978, p.102)

    [236]El orientalismo francés ha oscilado siempre entre plantearle a España problemas que eran internos de Francia o tranquilamente se faire bâtir un chateau en Espagne. "L'orientalisme est à etrictament parler un domaine de lérudition. On considère que son existence formelle a commencé dans l'Occident chrétien, avec la décision prise par le concile de vienne, en 1312, de créer une série de chaires de langues 'árabe, grecque, hébraïque et syriaque à Paris, Oxford, Bologne, Avignon et Salamanque" (Saïd, p.66). En torno al orientalismo en general, véase MOHL, Jules, Vingt-sept Ans d'histoire des études orientales, Paris 1867; DUGAT, Gustave, Histoire des orientalistes de l'Europe du XII au XIX siècle, Paris, 1868-1870.

    [237]Seminarios sobre el racismo se extienden por todas nuestras universidades y coloquios como el organizado por el Centro Pierre Vilar de Barcelona ("Racismo y poder en la España Moderna", noviembre 1990) nos demuestran que está de moda la xenofobía historiográfica.

 

 
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Última modificación: 28 de marzo de 2008.